La madre que no era tonta

Juan vivía en un apartamento con su amiga Alicia. Ante los ojos de la familia de Juan, Alicia y él solo compartían piso, sin poder demostrarse lo contrario.

Una noche Juan invitó a su madre a cenar. Durante la velada, la madre no pudo quitar su atención en lo hermosa que era Alicia, la compañera de piso de su hijo.

Durante mucho tiempo, ella había tenido sospechas de que su hijo tenia relación con Alicia, y al verla, la sospecha no pudo sino acrecentarse. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se pregunto si estarían acostándose. Leyendo el pensamiento de su madre, Juan le dijo:

– Mamá, se lo que estas pensando, pero te aseguro que Alicia y yo solo somos compañeros de apartamento.

Aproximadamente una semana después, Alicia le comento a Juan que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata para servir las salsas.

cucharon-imagen

Juan le contestó que, conociendo a su madre, dudaba que ella se lo hubiera llevado, pero que le escribiría una nota y que la dejaría en un lugar visible en la casa de su madre… en la puerta del refrigerador.

Así que se sentó y escribió:

“Querida Mamá, no estoy diciendo que te llevaras el cucharón de plata de servir salsas, pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras, solo que este ha desaparecido desde que tu viniste a cenar en mi casa.
Con todo cariño, Juan.”

Unos días mas tarde, sobre su escritorio, Juan encontró una nota de su madre que decía:

“Querido hijo, no estoy diciendo que te acuestes con Alicia o que no te acuestes con Alicia, pero el hecho es que si Alicia se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas que yo puse bajo sus sabanas.
Con todo cariño, tu Mamá.”

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