Juegos Friv: cuando lo básico desbanca la soberbia de lo complejo

En la trinchera contra el videojuego de alta resolución, los juegos friv se erigen como el videojuego educativo por excelencia. Asegurando un retorno a la imaginación a la que induce el juego clásico, un modo de pasar el tiempo aprendiendo y mejorando nuestras aptitudes cognitivas y perceptivas. Y, por ello, ideal tanto para adultos como pequeños.

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Educando a través del videojuego

Los sucesivos saltos tecnológicos en la industria del videojuego nos han permitido, en poco tiempo, tanto alcanzar una resolución brutal como transgredir el juego único de un disco hacia unos recursos en la red que admiten prolongar el videojuego en muchas y distintas partes. A pesar de dichos avances, los jugadores más veteranos seguramente hayan notado algo que no encaja. ¿Dónde está la chispa de las tardes ya pasadas, aquella imaginación del videojuego añejo que la fantasía de píxeles nos brinda ahora ya masticada? Y, con todo, en especial para quienes ya han dejado un legado en este mundo, ¿cómo educar a través de un videojuego contemporáneo?

Abordando la cuestión educativa, y dejando claro que ésta es intrínseca en cualquier juego, los juegos friv gratis online son una opción a tener en cuenta. Pensados como una plataforma de minijuegos que, pese a esperar un público esencialmente infantil alcanza todas las edades, contiene múltiples y variados títulos, se trata de un recurso educativo y recreativo con grandes beneficios. Contando clásicos y novedosos como los que contiene Friv5 en la red, una opción del mundo del videojuego que, a pesar de su aparente sencillez en su jugabilidad o su resolución, es en realidad una revolución contra el videojuego moderno.

¿Qué son los juegos friv?

Disponiendo de centenares de títulos gracias al coto ilimitado de Internet, los juegos friv se han ido popularizando a gran velocidad en los últimos años. Algo que, a priori, no debería tener sentido teniendo en cuenta grandes hitos tecnológicos de la industria que ofrecen las consolas modernas. Así, programados con Flash y pensados para jugar en el navegador, estos sencillos minijuegos online van un paso más allá del mero entretenimiento para estimularnos mientras jugamos. Un doble objetivo del que carece a menudo el videojuego moderno y que, además, beneficia tanto a niños como a adultos en su finalidad educativa.

Según diversos estudios, que sobre todo inciden el videojuego clásico, la estimulante sencillez de los juegos friv, centrada en la historia o puzle, aumentan nuestra memoria y capacidad de estrategia y planificación. Del mismo modo, y consiguiendo una reducción del estrés como válvula de escape en algún momento del día, aporta también una mejora de nuestra toma de decisiones, consecuente de un incremento de nuestra habilidad para analizar opciones y detalles. Y así, consiguiendo que seamos capaces de resolver problemas de una forma más sencilla. Pero, ¿por qué no es siempre posible que un videojuego de alta resolución aporte estas aptitudes?

¿Es mejor un videojuego de alta resolución?

Hoy por hoy, los videojuegos son una suerte de imágenes hiperrealistasque, dentro de no muy poco tiempo, apenas guardarán diferencias con la realidad a ojo. Las empresas de la industria han dedicado muchos esfuerzos y recursos a conseguir una sinfonía perfecta de píxeles que, para quien no sea un jugador de la vieja escuela, a simple vista no podrían competir con un videojuego de menor resolución. Sin embargo, la verdad es que la resolución no necesariamente hace mejor un juego respecto a otro. Basta con pensar en clásicos de las recreativas como Pacman o Tetris, o incluso en Pokemon o Zelda en consolas portables primigenias, para entenderlo a la perfección.

De hecho, los beneficios que nos aporta el videojuego han cambiado mucho a lo largo de los años y, además, guarda cierta relación con televisión. En el plano del desarrollo de nuestra imaginación, es sabido que los niños que consumen televisión realizan sus dibujos más simples, casi vagos, carentes de esa creatividad mágica que nutre el vacío. Esto es debido a que el consumo visual, frente al literario, no requiere de construir una escenografía a la historia transmitida, dado que ya nos viene dada. Por el contrario, la ausencia de imagen, o una compuesta por píxeles básicos en el videojuego, estimula nuestras aptitudes imaginativas. Consecuentemente, engrosando la emoción.

Dejando de lado el guion de un videojuego —independiente de su calidad visual—, los juegos básicos o de escasa resolución nos permiten imaginar su universo un poco a nuestra manera. ¿Quién no se ha sentido un verdadero espía, con el peligro a flor de piel y los nervios crispados, en Metal Gear Solid para GameBoy? De este modo, vemos cómo lo indispensable, e incluso formativo, de un videojuego no tiene nada que ver con su acierto en recrear fielmente la realidad visual. Si no, más bien, en cuánto podemos disfrutar con éste y, sobre todo, en si su disfrute nos permitirá ir más allá de la pantalla. En el caso de los juegos gratis online como friv, toda una certeza.

Más que entretenimiento

Teniendo en cuenta todo lo antes mencionado, los minijuegos friv —contando con una oferta prácticamente inagotable y gratuita en la red— son, a la par que variados y, por ello, apetecibles para todo tipo de público, un modo divertido de poner en marcha nuestro cerebro. En Friv5, a través de un océano de títulos donde podemos encontrar tanto videojuegos independientes y de corte clásico, hasta juegos sobre populares películas de animación que, sin duda, serán todo un tesoro para sus fans tanto pequeños como mayores.

Apartándonos del plano meramente recreativo, pudiendo acceder a un vasto arsenal de minijuegos educativosmediante los que los niños podrán perfeccionar sus aptitudes cognitivas y su reacción a los impulsos, hasta ejercitar su inteligencia matemática. En definitiva, una declaración de principios contra la industria del videojuego moderno que, a costa de vender más copias, se ha centrado en el ocio y ha dejado atrás otros valores. Una legítima opción educativa con la que entretenerse sin dejar de aprender y, sobre todo, crecer como personas.

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