Modales y comportamiento de la higiene del siglo XVIII

En el Palacio de Versalles, cerca de París, habían mas de 300 habitaciones, pero no existía ningún baño. Ni para hacer pipi, ya no digamos bañarse… y eso que sí podían encontrarse muchas fuentes a su alrededor.

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Los franceses eran sucios en aquella época. La higiene excesiva se consideraba viciosa y se creía que el baño debilitaba el organismo. Mientras, la basura se amontonaba en calles sin pavimentar.

Las enfermedades de la boca y las deformaciones óseas hacían estragos y se abandonó la práctica de la sangría. Sólo las camisas se lavaban a menudo. y no se llevaba ropa interior.

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Para la nobleza, era común el uso de sillas con orinal, pero lo usual era orinar en las avenidas de los palacios, que solían estar emporcadas. Empezaron a verse por las calles, portadores de letrinas ambulantes con una gran manta que aseguraban la intimidad para aliviarse.

Trona de Maria Antonieta
Trona de Maria Antonieta

Se trajeron de Inglaterra los primeros inodoros y se extendieron de manera general las bañeras. Los dientes se aseaban con un cordón de seda, y se utilizaban los cepillos para impedir la halitosis. Los perfumes se aplicaban sobre el rostro y el cabello, y se extendió la moda del jabón de Alepo. La blancura del semblante era un símbolo de distinción.

Perfumes y jabones
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En el Versalles donde moraron los Luises XIV, XV y XVI, no existían los baños. Algún noble que viviera allí, y de manera excepcional, poseía en su guardarropa un asiento tapizado con un agujero. Los señores que vivían en la corte de Luis XIV, se hallaban en la necesidad de dar de cuerpo (“se mettre a leur aise”) en medio de cualquier pasillo o corredor porque no habían baños.

Esta desinterés en satisfacer las necesidades de nuestra naturaleza biológica era llevada a tal extremo debido a que, por aquel entonces, sólo se anhelaba el crear arquitectura “noble”. Y esto no sólo sucedía en el palacio de Versalles, donde habitaba la corte durante el siglo XVIII, sino tampoco los palacios de menor tamaño los poseían.

Cajón de María Malibrán y varios perfumes en envases estrafalarios
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Hasta hace poco que todas las habitaciones de las Tullerías no tenían gabinetes higiénicos, de tal manera que el personal destinado a estas tareas realizaba la limpieza general todas las mañanas.

Hay gente que evocaba el olor que se propagaba en tiempos de Luis XVIII (1814-1824) por los pasillos de Saint-Cloud, ya que las tradiciones de Versalles se habían atesorado de manera escrupulosa. Dichos hábitos en Versalles no estaban exagerados. Un día que un hombre asistía al palacio junto a una loable dama de la corte de Luis XV, ella no pudo contener una exclamación de lamento al cruzar un pasillo maloliente y dijo: “¡Este olor… cómo me recuerda los bien hermosos tiempos!”

“La ética galante”, es una publicación escrita en el año 1700 donde mostraba la forma de presentarse para un joven ante la sociedad educada, y recomendaba: “Si pasas junto a una persona que se esté aliviando, debes hacer como sí no la hubieras visto.”

Un periódico francés de la época mostraba la imagen donde narraba este delicado asunto sanitario: “París es un lugar odioso. Las calles huelen tan mal que no es posible salir… La multitud de personas en la calle produce un hedor tan detestable que no puede soportarse.”

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El problema de los residuos se arreglaba mediante el orinal. Sin recursos de evacuación para los desperdicios en las viviendas normales, el contenido de tales envases era derramado frecuentemente en plena calle. Varios grabados de esta época ilustraban los peligros de andar bajo las ventanas altas de las casas a horas avanzadas de la noche, el momento elegido para verter los orinales. Aunque las aguas sucias se expulsaban por la ventana, estaba prohibido arrojar sangre al río.

Esta inseguridad, así como los arroyos de la calle, que permanecían colmados de suciedad, pudieron ser la causa para la costumbre del caballero que escoltaba a una dama por el centro de la calzada, a salvo de la inmundicia.

De manera legal, se había dispuesto que el contenido de los “vasos de noche” debía de ser recogido a primera hora de la mañana por hombres que se dedicaban a esta tarea, y que transportaban dichos elementos en carros hasta grandes vertederos públicos, aunque no todas las familias podían acceder a pagarse este servicio.

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6 comentarios en “Modales y comportamiento de la higiene del siglo XVIII”

  1. Como dice @petaqui, muy currado como todos :)

    Yo no sabía que defecaban y orinaban dentro del palacio. DIosss que asco y para ellos era una señal se status… LoL

    Saludos Gorgonitas.

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  2. Gracias a todas las personas que se abocan a ensenharnos y a satisfacer nuestras curiosidades. Aprendemos los movimientos,politicos,economicos y culturales a traves de las ventanas que nos brindan,hacia otros tiempos.
    Este articulo sumo mas imagenes a mi busqueda.
    gracias.

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  3. Debo añadir a todo esto que el abanico tan glamuroso no era para echarse fresco ,si no para quitarse de encima los malos olores que emanaban las damas ya que no era habitual bañarse ni lavar sus partes íntimas y al estar el cuerpo encerrado en las enormes vestimentas todo el mal olor se mantenía cerca de sus cuerpos ,de esta manera al abanicarse podían expandir los malos olores que les portaban ,así eran las reinas y princesas no eran limpias como se les ve en los cuentos.

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