¿Qué hacer cuando la empresa está en crisis?

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El asesor siempre buscará el mejor resultado para el negocio.

A pesar de que la idea es evitar a toda costa que la empresa caiga en apuros, factores como el aumento de la competencia, el cambio del mercado y la demanda del producto o servicio ofrecido, las nuevas tecnología y la presión de los costes, hacen que en ocasiones esta tarea resulte imposible.

No siempre una empresa llega al extremo de la quiebra cuando está atravesando una crisis, pero es en estos últimos casos cuando se pueden recurrir a medios para facilitar la recuperación, si es que es posible. Entre ellos está el contratar a un asesor financiero que organice un concurso de acreedores con el objetivo de beneficiar en todo lo posible al empresario.

Sin embargo, no siempre es necesario convocar uno de estos procedimientos. Lo primero es saber cuándo una compañía se encuentra pasando por una crisis financiera, para determinar si es tu misma situación.

¿La compañía está en riesgo?

Esto usualmente ocurre al combinarse una serie de factores desfavorables, que pueden ser internos y externos, y que se dividen a grandes rasgos en cuatro: la falta de liquidez y crisis de capital de trabajo, estar inhabilitada para mantener indicadores financieros razonables, estar siendo amenazada por fuerzas económicas externas que se escapan de las manos y temas gerenciales o laborales que originan una organización disfuncional.

Al cumplir con cualquiera de estas circunstancias, es lógico que el empresario piense que su negocio está en riesgo y es importante que esto se identifique pronto porque el tiempo es el principal enemigo. El gerente debe localizar las adversidades y actuar en consecuencia para realizar los cambios necesarios lo más pronto posible.

Muchas veces, resulta más efectivo no tener una estrategia planeada por completo pero sí al menos en un 80% y ponerla en práctica, que esperar a tenerla lista y que no haya la oportunidad de aplicarla. Esta última acción presagia un panorama catastrófico.

También es importante entender que una empresa está constantemente a prueba para mantenerse a flote, puesto que el mercado y todos los anteriores factores mencionados fluctúan continuamente y puede llegar el día en que afectan para mal a tu negocio.

¿Y ahora qué?

Todo esto trae como consecuencia que la empresa no tenga la capacidad de solventar los pagos y obligaciones en los tiempos pactados con sus acreedores, que son sus trabajadores, proveedores y bancos, al menos. Esto quiere decir que no tiene dinero para pagar sus deudas.

Se pueden presentar dos situaciones. En la primera, el negocio es viable pero está en una insolvencia temporal debido a una estructura inadecuada de la deuda.

Es en este momento cuando los dueños de negocio deben ponerse en contacto con sus acreedores para darles a entender de manera clara y concisa su situación financiera con el fin de negociar un acuerdo que sea satisfactorio para ambas partes.

La segunda situación refiere cuando el negocio es inviable, lo que no significa que el problema sea irresoluble. En casos extremos, la empresa puede llegar a tener un patrimonio neto negativo. Aquí es cuando el asesor puede intervenir en áreas más profundas de la empresa.

Invariablemente de la situación, los administradores de las compañías están obligados legalmente a organizar un concurso de acreedores voluntario. En cambio, si se rehúsan, los acreedores a los que no se les ha pagado según los estipulado pueden convocar a un concurso necesario.

El asesor financiero debe de ir continuamente de la mano de su cliente para que el administrador del concurso de acreedores decida que es necesario tomar medidas que traigan consecuencias negativas graves para el negocio.

La administración concursal se encarga de mediar para hallar una solución integral para las obligaciones de pago pendiente de un deudor. Estas soluciones pueden ser un convenio o la liquidez forzada de sus activos cuando estos son insuficientes para hacer frente a la deuda.

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