Lengua materna y hemisferios cerebrales

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Aunque los dos hemisferios en que se divide el cerebro son simétricos por su estructura, la función de uno y otro no es idéntica. Las funciones del lenguaje se hallan localizadas en el hemisferio izquierdo. El área de Broca controla la mecánica del habla, mientras el área de Wernicke funciona como selector de palabras. Cuando el lenguaje depende de la visión, como en la lectura y la escritura, la circunvolución angular actúa como enlace entre el área visual primaria y la de Wernicke.

Protegido por la caja craneana, envuelto en varias membranas, nadando en un líquido que amortigua los golpes, el cerebro es el origen de todos los pensamientos, sensaciones y acciones del hombre. Su tamaño no excede del de un melón pequeño y su aspecto es el de una masa de color rosado y grisáceo, surcada de pliegues, cuyo peso es de 1.360 gramos como promedio.

En ese reducido espacio se hallan congregadas unos diez mil millones de neuronas, esas microscópicas células nerviosas que constituyen las unidades de trabajo del cerebro. Las neuronas se agrupan en mil millones de circuitos, cada uno de los cuales está llamado a desempeñar una función adquirida por vía hereditaria o por medio de la experiencia.

Desde luego, el cerebro no constituye un órgano exclusivamente humano. Hasta los seres animales más primitivos están dotados de un órgano que tiene cierta similitud con el cerebro. Pero sólo en el hombre se halla éste suficientemente desarrollado como para ser capaz de enfrentarse con el lenguaje, ese regalo de la evolución que nos permite comunicarnos nuestros conocimientos y legar de generación en generación nuestra memoria y nuestra experiencia colectiva.

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En el último siglo los científicos han logrado éxitos considerables en el esfuerzo por determinar cuáles son las células que controlan cada una de nuestras diversas actividades. Uno de sus descubrimientos es que el cerebro está dividido en dos hemisferios, cada uno de los cuales controla la actividad de una mitad del cuerpo. Por razones que se desconocen los nervios que vienen de cuerpo se entrecruzan en la médula espinal, antes de llegar al cerebro. De este modo, resulta que el brazo y la pierna del lado izquierdo son dirigidos por el hemisferio derecho del cerebro mientras el lado derecho del cuerpo se halla bajo las órdenes del hemisferio izquierdo.

Pero la especialización de los dos hemisferios cerebrales va más allá del simple control físico. En 1861, el cirujano francés Paúl Broca descubrió en el cerebro el área relacionada con el habla, dando la primera prueba de la localización de las funciones cerebrales. En 1874 el neurólogo Carl Wernicke localizó en el hemisferio izquierdo el área que tiene que ver con la comprensión del lenguaje hablado y escrito. Experimentos más complejos realizados posteriormente han demostrado que en el 95% de las personas, aproximadamente, el hemisferio izquierdo no sólo tiene que ver con el lenguaje, sino también con los razonamientos lógicos -las matemáticas por ejemplo—, y que el hemisferio derecho dirige las actividades no verbales en que predominan los aspectos artísticos y emocionales.

Existen en el hemisferio izquierdo del cerebro tres centros relacionados con el lenguaje (véase el dibujo). En el área de Wernicke se seleccionan las palabras que se hallan acumuladas en la memoria verbal; si se trata de escribir, la orden es enviada a los músculos de la mano. Si se trata de hablar, entra en acción el área de Broca que controla el lenguaje articulado. Cuando entra a participar la vista, el que actúa es el centro conocido como circunvolución angular, que establece un enlace entre el área de Wernicke y la corteza visual.

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Desde los descubrimientos de Broca y de Wernicke el tema de la localización de la función del lenguaje en el hemisferio izquierdo ha sido ampliamente debatido por los neuropsicólogos. Son numerosas las investigaciones que han tenido por objeto determinar cómo las personas normales reaccionan ante estímulos auditivos dirigidos a uno y otro hemisferio cerebral.

En estos experimentos uno de los papeles más destacados corresponde al profesor Tadanobu Tsunoda, del Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad Médica y Odontológica de Tokio. A lo largo de quince años el profesor Tsunoda ha realizado experimentos acerca del predominio de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro. En un Informe presentado en un coloquio de la Unesco celebrado en Atenas en Abril de 1981, el profesor Tsunoda dio a conocer algunos de sus sorprendentes descubrimientos, que tienen un valor destacado para la educación y que desmienten claramente algunas arraigadas concepciones racistas.

En 1965 el profesor Tsunoda inició una serie de experimentos destinados a determinar cuál de los dos oídos predominaba cuando un grupo de japoneses normales percibían el sonido de ciertas vocales y sílabas en su idioma. Como los nervios de cada oído se conectan con el hemisferio cerebral del lado contrario, el predominio del oído izquierdo para ciertos sonidos indicaba preponderancia del hemisferio derecho respecto a ese sonido, y el predominio del oído derecho, significaba primacía del hemisferio izquierdo.

Para sus experimentos el profesor Tsunoda ideó complejas técnicas, empleando la estimulación auditiva retardada (véase una explicación detallada en recuadro) para determinar de qué modo el cerebro distingue diversas clases de sonidos, como los ruidos de origen mecánico, los sonidos vocales y las tonalidades sintéticas, y logrando comprobar con gran precisión cuál de los dos hemisferios cerebrales predomina respecto a cada sonido en particular.

Repitiendo esas experiencias durante varios años con sujetos de origen japonés, el profesor Tsunoda comprobó, sin lugar a dudas, que el oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo) predomina cuando se trata, en japonés, de sílabas habladas y de las llamadas vocales «fijas». Hasta aquí, estos resultados no tenían nada de inesperado.

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Pero Tsonuda prosiguió sus experimentos, reemplazando las vocales humanas por sonidos sintéticos de estructura similar a la de las vocales. El análisis del sonido de las vocales humanas demostró la existencia de series de frecuencias máximas denominadas «formantes». Empleando un sintetizador para filtrar ciertos formantes, descubrió el profesor japonés que dos requisitos son necesarios para que predomine el oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo) respecto a un sonido: las frecuencias de los formantes deben ser inarmónicas y debe existir un cierto grado de modulación de frecuencia.

Al alcanzar ese nivel, los experimentos demostraron que el cerebro es capaz de discernir las características estructurales de los sonidos y que el predominio del hemisferio izquierdo o derecho del cerebro depende básicamente de la estructura del sonido escuchado. Se comprobó que las voces humanas, el llanto, la risa, el canto de los insectos y otros sonidos naturales tienen frecuencia modulada y combinaciones inarmónicas y que todos ellos daban lugar, entre los sujetos japoneses participantes en las experiencias, al predominio del oído derecho.

El significado entero de estos descubrimientos se puso de realce en 1972, cuando, por azar, el profesor Tsunoda incorporó por primera vez a su experimento a un sujeto no japonés: a un francés, concretamente. Con gran sorpresa, el profesor Tsunoda comprobó que, enfrentados con estímulos similares, el francés y el japonés presentan un predominio distinto de los hemisferios cerebrales. Al cabo de otros experimentos con sujetos japoneses y no japoneses, el profesor se convenció de que el factor que determinaba las diferencias era la lengua materna.

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Para comprobar su teoría, el profesor Tsunoda realizó experimentos conjuntos con cincuenta y siete personas que tenían por lengua materna diferentes idiomas de Europa occidental como el inglés, el francés, el español, el italiano, el alemán y el sueco, con quince chinos que hablaban los dialectos pequinés, cantonés, de Shangai y de Taiwán, con diecisiete coreanos y con numerosos vietnamitas, camboyanos, tailandeses, indonesios, israelíes y africanos.

Los resultados de estos experimentos fueron concluyentes. Demostraron que los sonidos de las vocales «fijas» y los tonos puros daban lugar al predominio del oído izquierdo (hemisferio cerebral derecho) mientras que las sílabas conducían al predominio del oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo). Sólo los sujetos con lenguas natales de la Polinesia (las islas Tonga, de Samoa Oriental y maoríes) mostraban reacciones similares a las de los japoneses: predominio del oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo) para las vocales y las sílabas y del oído izquierdo (hemisferio cerebral derecho) para los sonidos de tonos puros.

Quedó planteada la necesidad de determinar si las diferencias entre los japoneses y los no japoneses tenían o no carácter genético. Para resolver el problema fueron examinados veinte sujetos de origen japonés, emigrados de primera o segunda generación. De ellos, dieciocho que habían hablado hasta los ocho años como lengua materna el español, el portugués o el inglés, reaccionaron de acuerdo con la pauta de los occidentales. Los dos restantes habían sido educados en japonés hasta los nueve años y sus reacciones siguieron la pauta de los japoneses. Por el contrario, dos estadounidenses y cuatro coreanos que habían sido educados en Japón reaccionaron de acuerdo con las pautas de los japoneses.

De este modo, quedó demostrado que las diferencias, en relación con el predominio de un oído y de un hemisferio cerebral, no tenían un origen genético, sino que se debían al medio auditivo y lingüístico que había rodeado a los diversos individuos.

{En el siglo XVI y siguientes, en los Andes -y en toda América-, los hablantes en su inmensa mayoría, inclusive una parte de los hijos de peninsulares, estaban imersos en un medio auditivo y lingüístico amerindio y no español. Esto debiera estudiarse. -Rumi}.

A pesar de estas diferencias es perfectamente correcto considerar que para ambos grupos, el hemisferio izquierdo es el «cerebro del habla», porque en ambos casos ese hemisferio predomina en relación con los sonidos silábicos. Pero ¿a qué se debe que los japoneses y polinesios presenten un predominio del hemisferio izquierdo del cerebro para los sonidos de vocales y de sílabas, mientras que en el caso de los otros sujetos existe predominio del hemisferio cerebral derecho para los sonidos de vocales y del hemisferio izquierdo o para los de sílabas?

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La respuesta parece relacionarse con el hecho común de que en japonés y en las lenguas polinesias, existan numerosas palabras formadas por una sola vocal o constituidas por dos o más vocales combinadas con consonantes. Se trata de lenguas en que predominan las vocales, las cuales adquieren tanta importancia como las consonantes para la comprensión del sentido de las palabras y de las frases. Como resultado de ello, los sonidos de las vocales son tratados en el hemisferio cerebral «del habla», puesto que su importancia es en esas lenguas equivalente a la de los demás sonidos. Aun más: todo sonido cuyo espectro sea similar a la de una vocal es tratado también por el hemisferio del habla.

El profesor Tsonuda explica sus descubrimientos del siguiente modo:

«Las características predominantes entre los japoneses muestran que en ellos las funciones de la emoción, así como las del lenguaje y las de la lógica basada en el lenguaje, se localizan en el cerebro del habla. Por el contrario, en el caso de los occidentales el lenguaje y las funciones lógicas que se le relacionan con él se sitúan en el hemisferio del lenguaje oral, y la función de la emoción se halla localiza en el otro hemisferio.

«En el cerebro de los japoneses los sonidos que se relacionan con la emoción son tratados por el hemisferio izquierdo, cuyo predominio se refuerza en la medida que se desarrolla la función del habla. Como resultado de la vinculación entre los sonidos que se relacionan con las emociones y las experiencias que se vinculan con ellas, el hemisferio izquierdo pasa a ser dominante también respecto a las funciones de la emoción.

«El mismo proceso explica el predominio, entre los no japoneses, del hemisferio cerebral derecho en lo relativo a los sonidos y funciones relacionados con las emociones. Puede así afirmarse que la lateralidad de la localización de las emociones es algo que se adquiere a través de la lengua materna.

«Estimo que la lengua materna es el factor que determina la diferencia de las vías por las cuales las personas reciben, elaboran, sienten y comprenden los sonidos provenientes del medio que los rodea. La lengua materna se relaciona estrechamente con el desarrollo de los mecanismos de la emoción en el cerebro. Esto me lleva a suponer que la lengua materna adquirida durante la infancia tiene estrecha relación con las particularidades de la cultura y de la mentalidad de cada grupo étnico».

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¿Cómo descubrir el hemisferio cerebral predominante?

En el mismo momento en que habla, el hombre escucha sus propias palabras. Cuando conversamos controlamos nuestra voz gracias a esta «audición de fondo». Y si nos ponemos unos audífonos que hagan llegar a nuestros oídos el sonido de nuestras palabras con un retraso de 0,2 segundos, aproximadamente, nuestro hablar se verá perturbado.

El sistema ideado por el profesor Tsunoda para determinar cuál es el hemisferio cerebral predominante se basa en el fenómeno anotado, conocido como el «efecto de Lee». En lugar de medir las características del habla de una persona, se le pide que oprima a un ritmo constante una clavija similar a la que se emplea para transmitir mensajes en Morse. Cada golpe produce un ruido breve y claro. Cuando ese sonido de fondo llega sincronizadamente a ambos oídos a través de los audífonos, el sujeto sigue oprimiendo la clavija con impulsos continuos y regulares. Pero apenas la audición de fondo se retarda, el ritmo de los golpes pierde su cadencia. Igual cosa sucede con las palabras.

El próximo paso consiste en enviar sonidos sincrónicos a un oído, a la vez que al otro se dirige el mismo sonido, pero retardado en 0,2 segundos. Al sujeto se le pide entonces que siga oprimiendo la clavija con impulsos continuos y uniformes, concentrando su atención en la audición de fondo sincronizada que recibe en uno de sus oídos, mientras se hacen llegar a su otro oído sonidos retardados de baja intensidad. Se va aumentando luego el volumen de los sonidos retardados, manteniendo constante el nivel de los sonidos sincrónicos. Cuando el volumen de los sonidos retardados sobrepasa el de los sonidos sincrónicos, se torna muy difícil para el sujeto seguir oprimiendo la clavija al mismo ritmo y en forma uniforme. El punto en que comienza a manifestarse la perturbación constituye una pauta de medición.

Si repetimos el experimento invirtiendo los canales que van a dar a los audífonos, podremos comprobar el punto en que comienza para cada oído el efecto de audición de fondo retardada. Ello nos permitirá determinar qué oído —y, por lo tanto, qué hemisferio del cerebro— tiene carácter dominante respecto del sonido determinado de que se trate. Recordemos que los nervios provenientes de cada oído se entrecruzan y van a dar a los hemisferios opuestos del cerebro, por lo cual el predominio del oído derecho indica predominio del hemisferio cerebral izquierdo y viceversa.

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Supongamos que hacemos llegar al oído izquierdo un sonido constante y sincrónico de 40 decibelios y al oído derecho el sonido retardado, aumentando la intensidad de este último, y que la consecuente perturbación se manifiesta a partir de los 55 decibelios, es decir cuando el volumen supere en 15 decibelios el sonido sincrónico. Y sigamos suponiendo que repetimos el experimento invirtiendo los audífonos y que el comienzo de la perturbación se manifiesta al nivel de 75 decibelios, es decir cuando el sonido retardado alcanza un volumen superior en 35 decibelios al sonido constante y sincrónico dirigido al oído derecho.

Comparando ambos resultados, tendremos que el oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo) superará al oído izquierdo en 20 decibelios (la diferencia de 35 menos 15) respecto del sonido de que se trate. En otras palabras, el sujeto habrá conseguido concentrarse mejor al recibir el sonido sincrónico en el oído derecho que al recibirlo en el izquierdo. El oído derecho (hemisferio cerebral izquierdo) será, pues, dominante en lo que se refiere a ese sonido particular.

Sistemas similares al de la clavija emisora pueden utilizarse para medir el predominio de uno u otro oído en relación con muchas clases de sonidos.

Entre el grillo y el japonés

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Un día, el profesor Tsunoda, mientras realizaba ante su grabadora investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro, se sintió sin ánimo para seguir trabajando. Por la ventana abierta podía oír el canto de un grillo. Despreocupadamente puso en marcha la grabadora, mas al escuchar la grabación obtenida le asombró descubrir que el sonograma mostraba una extraordinaria similitud entre la estructura sonora del canto del grillo y la del sonido de las vocales de la lengua japonesa.

Experimentos posteriores mostraron que lo mismo sucedía con otros sonidos naturales, tales como el susurro del viento, el murmullo del agua y el estallido de las olas, así como con los sonidos humanos no emitidos por la voz, como los suspiros provocados por la emoción. Debido a su similitud con la estructura sonora de las vocales, todos esos sonidos se registran en el hemisferio izquierdo o hemisferio verbal del cerebro cuando se trata de personas cuya lengua materna es el japonés o el polinesio, y en el hemisferio derecho cuando esos idiomas no son la lengua materna del sujeto (véase el diagrama).

Afirma el profesor Tsunoda que esto se debe al hecho de que, a diferencia de la mayoría de las lenguas del mundo —en las que predominan las sílabas formadas por la combinación consonante-vocal-consonante—, el japonés y el polinesio se distinguen por la presencia de numerosas palabras formadas sólo por vocales o por la combinación vocal—consonante—vocal. Tal es, asimismo, la característica predominante del japonés escrito —poesía, literatura— que al igual que el arte, está lleno de referencias a la naturaleza y a los sonidos naturales. A la derecha, una ilustración del artista Sumiyoshi Gukei, del siglo XVII, para Genjí Monogatari, obra maestra de la literatura japonesa del siglo XI.

Comentarios:

1) ¿Tendrá el japonés una forma de silabear tan distinta a las otras lenguas del mundo?

Hay u error en la afirmación de que la sílaba predominante en las lenguas del mundo es CVC (consonante, vocal, consonante); en realidad la serie que oscila entre el 44 y 52% es la universal CV y le sigue la CVC con entre el 12 y el 16%. Lo que no hay en la mayoría de las lenguas es la serie VCV porque el núcleo siempre está en una vocal. Que existan estas sílabas VCV es realmente extraordinario. Las pocas palabras japonesas en este texto parecen responder a la norma universal:

tadanobu: CV + CV + CV + CV; (o: CVC + VCV + CV)

tsunoda: CCV + CV + CV; (O: CCVC + VCV)

genji: CVC + CV; (O: CV + CCV)

Sumiyoshi: CV + CV + CV + CCV; (O: CVC + VCV + CV)

gukei: CVC + VV (o, quizás CV + CVI/C);

Monogatari: CV + CV + CV + CV + CV. (O: CVC + VCV + CV + CV)

Aclarar esto CON UN/A JAPONES/A .

“A causa de lo extraño de los conceptos y prácticas que don Juan quiso que yo comprendiera e interiorizara, no he tenido otra alternativa sino presentar sus enseñanzas en forma de narraciones descriptivas, relatos de lo que me ocurrió, tal como sucedió. La organización total de las enseñanzas de don Juan se basaba en la idea de que el hombre tiene dos tipos de conciencia.

Él los nombró el lado derecho y el lado izquierdo, y de acuerdo a ello, dividió su instrucción en enseñanzas para el lado derecho y enseñanzas para el lado izquierdo. Describió el primero como lo normal en todos nosotros, o el estado de conciencia necesario para desempeñarse en el mundo cotidiano. Dijo que el segundo era algo que no es normal, el lado misterioso del hombre, el estado de conciencia requerido para funcionar como brujo y vidente.” Castaneda, Carlos (1984)* ´The Fire from Within´ Edic. Española: (1986) ´El fuego interior´ Emecé Edits. Barcelona.

Creo que estos descubrimientos pueden ser empleados para explicar parcialmente los hechos ocurridos a los hablantes de las lenguas amerindias en su contacto con el español desde hace cinco siglos. Se me ocurren:

1) el tema de las consonantes sonoras del español que el hablante de lenguas andinocentrales (donde dichos sonidos casi no ocurren: /b/ ~ /v/, /d/, /g/, /z/) pronuncia con tanta dificultad o simplemente las omite. Y por supuesto, los sonidos consonánticos andinocentrales: sordos, aspirados y explosivos, que tanta dificultad causan a los hablantes hispanos: /ph/, /p’/, /th/, /’t’/, /kh/, /k’/, /q/, /qh/, /q’/.

2) El tema de las sílabas tan distintas en su estructura interior (sin secuencias de consonantes a su interior), de las lenguas andino centrales y el español que sí las admite.

3) Las hondas diferencias que separan los sistemas acentual, tonal y melódico rítmico entre las lenguas enfrentadas en América.

4) Y varios otros aspectos morfofonéticos, que iremos viendo.

5) El concepto erróneo que predomina en los círculos académicos y de la política escolar que atribuye al español la naturaleza de «lengua materna» en la Argentina, cuando estudios como el acabado de leer permiten sugerir que la lengua materna se formó en América desde las lenguas uno de sustrato, habladas miles de años y el español lengua dos, impuesto con lentitud desde hace cuatro siglos.

Funcionamiento del cerebro en relación con la lengua materna.

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3 comentarios en “Lengua materna y hemisferios cerebrales”

  1. tengo 18 años me encanta la musica y como profesion , cuand otenia 5 años perdi 80 pociento de la audicion del oido derecho , sera q eso del rendimiendo academico(musical) se afectaria ,,,,,,,,,,,,,,,,muchas grasias.

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  2. tengo un hijo de 5 años y 6 meses quiero ayudarle a aprender mas fasil las cosas que le enseñan en el jardin ( vocales, letras, pronunciasion, numeros, restas y sumas etc) como puedo lograrlo, he escuchado comentarios de que hablandole dormido aprende mas facil que tan cierto es esto? y si lo es por cual de los dos lados debo hacerlo.. grasias y espero su respuesta a mi correo

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