Morir sin vivir

Eres una de esas perras de raza cazadora y piel surcada a base de lluvia y frío. Rápida como el viento, sin embargo, pareces un caracol porque nunca conociste otra casa que la piel que te envuelve. En tu cuello portas siempre la cadena tatuada, la marca hecha herida de los que siempre vivieron atados a la voluntad de su dueño.

Recorriste mil veces el mundo oliendo en la distancia sus rincones pero, desgraciadamente, tu territorio nunca midió más allá de un metro cuadrado. Eso fue todo lo que dio de sí, la cuerda que te atrapa. En una esquina, un cubo oxidado de agua verde y otro vacío para la comida.Siempre sola. Una veces mirando la nada y otras con los ojos cerrados olvidando el presente.

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Y cuatro patas para recorrer un mundo del que nada conoces, un hocico dispuesto a descubrir cientos de olores, dos orejas cansadas de escucharsiempre lo mismo y uno de esos que se hacen llamar “dueño”… Alguien que una vez a la semana te visita y alimenta con unos cuantos chuscos de pan y unas sobras rancias y duras.

Pero pese a todo, cada vez que se acerca hasta ti, recibes su presencia con anhelo y alegría, aunque eso sí, muertecita de miedo… No en balde, sabes bien que llevas la huella en tu lomo de alguno de sus enfados. Al verlosiempre te tumbas sobre el suelo y te arrastras con tus orejas gachas, y de nuevo, esos temblores visitan tu cuerpo…

Tu rabo también te delata, cargadito de miedo, lo enroscas entre tus patas. Pero una y otra vez, se produce el milagro y pese a todo, se te escapa entre tus piernas y libre, se lanza al aire y se mueve de lado a lado.

Y le agradeces que se acerque y sumisa hasta la muerte piensas:

– Si es que en el fondo me quiere. Fíjate, ha venido en cuanto ha podido verme… Y lleva las sobras de su pan que, con cuidado, guarda para mi cuerpo. Y llenará el cubo de agua en el que yo, descontrolada por la alegría, meteré de nuevo mis patas… Y si hay suerte y no hago nada puede que incluso me hable o al menos no me pegue…

Es mi dueño. Lo es todo. Si me riñe o me castiga o me… es porque me lo merezco. Le quiero. Soy suya y siempre permaneceré atada al cariño que le tengo…-

Y así, obediente y leal, entregada a su voluntad, mil veces parida de camadas y camadas negociadas por él, tú te vas consumiendo poco a poco… Y un día, después de algún tiempo te levantas vieja y sin fuerzas, con los años metidos en los huesos… y casi sin poder ver ni levantar tu cansado cuerpo, hueles como él se acerca poco a poco y se despide de ti con un tiro en tu cabeza.

¡Maldita suerte la tuya… querida sin ser querida!

perro abandonado

Por Raul Mérida de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Alicante.

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4 comentarios en “Morir sin vivir”

  1. dios me pone muy mal estas cosas t.t yo que tengo 3 perros y un 4º invitado los findes (paranoias de mi madre jeje que le trae un amigo nuevo de un amigo de mi hermana a los perrunos aunk a mi me encanta *o*). Puff no puedo leer estas cosas

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