La risoterapia

¿Qué es la Risoterapia?

La Risoterapia es una hermosa puerta para lograr la relajación, abrir nuestra capacidad de sentir, de amar, de llegar al silencio, al éxtasis, a la creatividad, sencillamente utilizando la risa como camino.
Se utilizan técnicas que ayudan a liberar las tensiones del cuerpo y así poder llegar a la carcajada, entre ellas: la expresión corporal, el juego, la danza, ejercicios de respiración, masajes, técnicas para reír de manera natural, sana, que salga del corazón, del vientre, de un modo simple como los niños.

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¿En qué se basa la Risoterapia?

Científicamente, se ha comprobado que la risa franca, la carcajada, aporta múltiples beneficios: rejuvenece, elimina el estrés, tensiones, ansiedad, depresión, colesterol, adelgaza, dolores, insomnio, problemas cardiovasculares, respiratorios, cualquier enfermedad. Nos aporta aceptación, comprensión, alegría, relajación, abre nuestros sentidos, ayuda a transformar nuestros pautas mentales.
Recientes estudios sobre la capacidad de las carcajadas para combatir todo tipo de enfermedades indican que mientras reímos liberamos gran cantidad de endorfinas, responsables en gran parte de la sensación de bienestar.

¿En qué nos puede ayudar la Risoterapia?

Se utiliza la risa con el fin de eliminar bloqueos emocionales, físicos, mentales, sexuales, sanar nuestra infancia, como proceso de crecimiento personal. Se crea un espacio para estar con uno mismo, vivir el aquí y ahora, estar en el presente, ya que cuando reímos es imposible pensar, nos ayuda a descubrir nuestros dones, abrirnos horizontes, vencer los miedos, llenarnos de luz, de fuerza, de ilusión, de sentido del humor, de gozo y aprender a vivir una vida positiva, intensa, sincera y total, como los niños.

Después de una sesión de dos horas, es inevitable sentirse pleno, amoroso, tierno, alegre, vital, energético y un sinfín de sentimientos positivos. Parece mentira cómo un método tan sencillo como es la risa puede aportarnos tanto: la risa es Magia, es Alquimia, es la mejor medicina.

“La vida es en su totalidad una gran broma cósmica. No es algo serio, tómala seriamente y la perderás. Compréndela únicamente a través de la Risa”. OSHO.

Origen y evolución de la Risoterapia

Diferentes corrientes filosóficas conocen desde hace siglos la importancia de la risa y el sentido del humor y lo promueven de manera práctica.

Hace más de 4000 años en el antiguo imperio chino, había unos templos donde las personas se reunían para reír con la finalidad de equilibrar la salud. En la India también se encuentran templos sagrados donde se puede practicar la risa.
En culturas ancestrales de tipo tribal, existía la figura del “doctor payaso” o “payaso sagrado”, un hechicero vestido y maquillado que ejecutaba el poder terapéutico de la risa para curar a los guerreros enfermos.

Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa, algo que ha sido científicamente demostrado al descubrir que el córtex cerebral libera impulsos eléctricos negativos un segundo después de comenzar a reír. En los últimos 30 años se ha avanzado mucho en la aplicación de la risa como terapia.

En los años 70, un doctor californiano aplicó la alegría y el buen humor como apoyo en la recuperación y tratamiento de enfermedades, obteniendo beneficiosos resultados. A partir de entonces se comenzó a utilizar la técnica de la terapia de la risa en hospitales de EEUU, Suiza, Alemania y Francia.

Sesión de risoterapia en el Centro de Salud Inteligente.
Sesión de risoterapia en el Centro de Salud Inteligente.

Curarse a carcajadas

Rosa María sintió que se venía abajo cuando murió su madre, no podía superar el proceso de duelo. Un buen día, hace ahora dos años, escuchó en la radio algo sobre la risoterapia y dijo «esto es lo mío». Se fue de Castellón de la Plana, donde vive, a Barcelona para comenzar a formarse en esta técnica. A partir de ese momento, «empezó a cambiar mi vida».

Esta ama de casa de 54 años era, según cuenta ella misma, una persona muy seria. «Antes me dedicaba a mi hogar y nada más. Tras esta terapia vi que había muchas cosas por hacer como la cerámica o la pintura. Hoy expongo dos obras realizadas con la técnica de pastel. Ahora salgo de casa y vivo», explica Rosa María Andrés.

Los tonos pastel parecen haber impregnado su vida, mucho más dulce ahora. «Cuando asisto a los talleres de la risa es como entrar en un sitio donde no hay problemas, todos damos y todos recogemos. Empiezas a tener ganas de experimentar, esta técnica te abre muchas puertas, ves un horizonte nuevo».

María Cruz García Rodera, fundadora de la Escuela Dinámica y Terapia de la Risa en el Centro de Salud Inteligente, explica que «la risa es el mejor compañero que puedes tener en tu camino. Además de ser gratuita es sinónimo de vida y crecimiento, con ella puedes superar y gozar de las cosas cotidianas».

«En tres horas, la risa puede cambiar los resultados de una analítica porque disminuye el colesterol, produce una activación cerebral donde se aumenta la liberación de neurotransmisores que dan lugar a una sensación placentera y sedante», explica esta terapeuta.

Hay muchas personas que se benefician con esta técnica, «los depresivos son muy agradecidos porque tienen unos niveles muy bajos de serotonina y dopamina» –sustancias cerebrales– que con la carcajada aumentan y mejora su estado». También todas las patologías del sistema inmunológico mejoran con esta terapia, «cuando una persona busca y consigue energía positiva, su cuerpo responde totalmente».

Los recelos de la ciencia occidental

Eduardo Salvador, doctor en Psicología Social, explica que «la risa es uno de los misterios más antiguos de la ciencia y lo sigue siendo». Existen cinco explicaciones teóricas sobre la risa: de la superioridad, de la incongruencia, de la catarsis y del juego. Él tiene una teoría alternativa y que está basada en la metáfora teatral de la vida. «Cuando el personaje que representamos se viene abajo por alguna circunstancia, ese momento provoca la risa en los demás y en el actor la vergüenza. En esa situación, lo mejor es reírse de uno mismo. No debemos tomarnos muy en serio».

«En Oriente, la risa es muy apreciada, los budistas zen buscan la iluminación a través de una gran carcajada. Sin embargo, la filosofía de Occidente no ha considerado bien a las personas divertidas o con humor, probablemente esto se relacione con el cristianismo donde está bien visto sufrir en este mundo para conseguir una recompensa en el otro», comenta Eduardo.

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Sin embargo, cada día son más los profesionales de la salud que se interesan por este tipo de terapia y se acercan a ella con voluntad de aplicarla con sus enfermos.

El jefe del Servicio de Oncología Médica y Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Valdecilla explica en un artículo publicado en la revista ‘Medicina Clínica’ que «el sentido del humor es la capacidad natural de la especie humana que hace que la vida no sólo sea soportable, sino además rica, placentera y deseable. La risa es la distancia más corta entre dos personas».

«A veces tenemos miedo a ser malinterpretados, a parecer vulgares en lugar de unos profesionales serios y sesudos. Sin embargo, es de vital importancia que, como pacientes, asistentes sanitarios o alguien a quien le importa el bienestar del enfermo, mantengamos la moral elevada y una actitud positiva que incluya la esperanza, la alegría y la risa», continúa este oncólogo.

Para todos los públicos

Leyda Barrena, trabajadora social por la Universidad del Valle en Colombia, lleva 12 años en España investigando con la risa. Explica que tras varias carcajadas aumentan la ventilación y la sangre se oxigena. La risa está conectada con el hemisferio derecho parte del cerebro responsable de la creatividad, la intuición, el juego y el arte.

Son muchas las aplicaciones de esta terapia, algo que sabe bien Leyda que en la ‘Academia de la Risa’ imparte clases a personas con Alzheimer como a ejecutivos o adolescentes. «La risa es la libertad, con ella nos libramos del estrés y la ansiedad acumulados, las hormonas que se activan tras una carcajada confieren bienestar».

Rosa María lo tiene claro «la risa te abre muchos canales, te da ganas de aprovechar los momentos de la vida y de disfrutar con todo lo que haces». Beneficios que no sólo ella ha detectado, «mis hijos me preguntan que cuándo me toca ir a clase de risoterapia, porque aunque ya tengo el título de formadora me gusta ir de vez en cuando, y es que la mamá triste de antes se ha vuelto alegre y más comprensiva. Creo que hasta mi perro nota la diferencia, y además creo que lo he contagiado, ha pasado de estar con una mirada triste a estar más activo y contento».

Esta defensora de la risa anima a todos a probar esta terapia, «aunque no tengan grandes problemas siempre es enriquecedor. Yo ‘me tiré al ruedo’; y estoy encantada».

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A Elena, una niña de tres años, lo que más le gusta de los payasos que van al Hospital de San Rafael son las pompas de jabón y los globos divertidos. Cuando los ve aparecer por la puerta de su habitación sus ojos se iluminan. Son los ‘Doctores Sonrisa’ y ellos se encargan de que a estos pequeños pacientes no se les olvide jugar cuando están ingresados.

Según Pilar Segura, madre de Elena, estos ‘doctores’ tienen mucha psicología, «mi hija es muy tímida y ellos saben cómo tratarla, no la fuerzan a participar». Aunque la niña habla poco con los payasos, lo hace a través de su madre, cuando no van al hospital los reclama. A pesar de su corta edad sabe quiénes son, ya que debido a su enfermedad debe pasar periodos en el hospital; ahora para su próximo cumpleaños ha pedido una fiesta con payasos.

La Fundación Theodora trabaja en España desde marzo de 2000 y se encarga de contratar y organizar las visitas de estos ‘doctores sonrisa’ que por el momento ejercen su actividad en ocho hospitales del país. Néstor Muzo, uno de estos payasos, explica que se da mucho y también se recibe mucho. «No vamos como terapeutas sino que intentamos en unos minutos robarle una sonrisa al niño y que sepa que nos acordamos de él, que estamos ahí».

«No se trata de hacer un espectáculo porque entramos a una habitación, en un sitio privado. Lo que intentamos es cambiar el ambiente, dar un poco de energía positiva», aclara Néstor.

Estos profesionales, la mayoría de ellos actores, artistas y/o payasos no acuden sin más al hospital. Previamente se preparan para conocer determinados aspectos de la salud, como el mantener una higiene intachable cuando están en contacto con niños con pocas defensas. Además también hablan antes con las enfermeras de la planta que son las que les orientan del estado de ánimo y de salud de los pequeños. En función de todo esto y de su experiencia así actúan de una manera u otra.

«Tenemos especial cuidado con los niños más pequeños porque se pueden asustar y esa impresión le puede durar para toda la vida», explica este payaso con más de 20 años de profesión. Algo que corrobora Pilar, la madre de Elena, «no van disfrazados completamente, sino que se identifica bien que son personas maquilladas y por eso los pequeños no se asustan».

Angie Rosales, fundadora de ‘Pallapupas’, una asociación sin ánimo de lucro integrada también por personas que llevan la sonrisa a dos hospitales de Barcelona, explica que «no somos terapeutas pero lo que hacemos si es terapéutico. Un niño más alegre es más fácil de curar que uno triste».

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Esta actriz dice que las anécdotas después de tres años de trabajo son muchas pero que especialmente recuerda a un chico que estaba ingresado en la UCI inconsciente tras un accidente de tráfico al que iban a visitar. «Actuábamos a su lado como si pudiera vernos, le cantábamos y hablábamos. Cuando mejoró y pasó a planta volvimos a visitarle y reconoció nuestras voces y canciones».

«Nos basamos en el ‘clown’, es decir en la inocencia y frescura. Improvisamos durante cinco horas porque no podemos llevar algo definido, todo va en función de cómo estén los niños, a veces lo único que hacemos es saludarles pero otras incluso podemos organizar un partido de fútbol en la habitación con los familiares», explica Angie.

La tarea de sacar una sonrisa de la boca de los niños a veces es más complicado. De esto pueden dar fe los componentes de ‘Payasos sin Fronteras’, organización española que en julio cumple 10 años de existencia. Su labor consiste en llevar la alegría a los niños más necesitados de lugares donde se han producido catástrofes o guerras como ha ocurrido recientemente en su visita a Irak. Las sonrisas en estos casos se vuelven duras, de personas que están sufriendo.

Jesús González, coordinador de esta organización, explica que su objetivo es mejorar la situación de los niños desde el punto de vista psicológico «basándonos en la risa y el juego. También queremos hacer llegar a la sociedad española cuál es la situación de estos pequeños». En nuestro país tienen 25 intervenciones anuales en otros tantos hospitales con la idea de «reivindicar el valor de la risa».

Con lo que más se ríe Elena, la protagonista de nuestra historia, es cuando los payasos entran en su habitación con globos y le ‘pegan’ a su abuela, o cuando simulan que se caen, «tan pequeña y se ‘troncha’ de risa cuando ve a alguien caerse», comenta su madre.

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