El aroma de aquel tiempo

El vacío interior se convierte rápidamente en algo ordinario. Los hombres caminan por las calles con una sonrisa en el rostro tan perturbadora como horrible, no teniendo nada más en la cabeza que pensamientos sin importancia. Nadie se pregunta si es feliz, porque el hecho de estar satisfecho se ha convertido en una norma general; si alguien lo ha dicho, entonces debe ser cierto. Pues la gente dice tantas cosas que no queda ya nada por ser dicho, y la vida deviene en una espiral donde todas las cosas vienen y van, solo para reaparecer de nuevo en otro lugar.

Es exactamente en uno de esos lugares que se materializan de nuevo, girando como un torbellino de niebla gris, donde yo me encontraba en aquel momento. En mi habitación, mirando a través de la ventana con el viejo marco de madera, me encontraba pensativo y sumido en un sentimiento de penumbra y frustración por un motivo que nadie podría hoy adivinar. Hace tiempo, la inocencia corría todavía por la calle Nomenclator; pero en este momento yo simplemente intentaba conservar en mi ser la sensación ya casi olvidada de estar vivo.

Los años no habían pasado en vano, y mientras tanto el mundo no parecía el mismo lugar que tiempo atrás. No solo el mundo había cambiado; yo había cambiado, y ahora tan siquiera era capaz de mirarme al espejo y ver en él reflejada a la misma persona que hace tan sólo un par de años se había levantado felizmente pensando en que entonces todo iba bien, todo era sincero. Las nuevas experiencias borran la memoria dejando un hueco lleno de ruido negro, mientras que los nuevos pensamientos vienen y van pero nunca se quedan, y yo, ahora, no tenía mas que un vacío lleno de ecos en mi cabeza. A veces esas voces me producían una migraña tal, que de haber sido posible hubiera sucumbido al dolor y me hubiera dejado caer exhausto al suelo donde fuera que me encontrase.

Algunos pasos delante de mí, la ventana muestra una vista maravillosa, pero no hay tiempo ni ganas de mirar el paisaje. La primavera estaba al caer, pero el frescor en el aire se dejaba sentir todavía en el rostro, en las manos. La piel, como un escudo, nos rodea al exterior, pero este frescor traspasa todo tejido y se deja sentir muy profundo, en el alma. A las manos, lo único que las reconforta es frotarlas la una contra la otra; dos manos insensibles que tocan, pero que no saben lo que tocan.

mirar-ventana

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3 comentarios en “El aroma de aquel tiempo”

  1. Jenny, si te digo la verdad, no sé dónde es, lo saqué de unos apuntes que tenía por aquí en documentos Word que guardo para ir poniendo. Estas cosas las tengo desde que empecé con Amebas, y lo malo es que tras ponerlas en el blog, las voy tirando en la basura. De todas maneras, no ponía nada más. No sé si serán textos tipo poesía de algún foro, porque he investigado en Google, y no me dan copia.

    Como te digo, son de Internet, pero tienen ya años y no aparece más información. Siento o serte de más ayuda :D

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