Ramiro II (c. 898-951)

Los apodos que le pusieron tanto los cristianos (el Grande, Imperator) como los árabes (el Demonio) dan idea de la fuerte personalidad de este rey leonés que dio un impulso decisivo a la Reconquista. Ramiro II fue un hombre de acción, emprendedor y valiente, que hostigó sin tregua a Abderramán III cuando el califato de Córdoba estaba en su apogeo y que continuó la tarea de consolidación del poder regio iniciada por su abuelo Alfonso III y su padre Ordoño II. Nacido en Viseo, ciudad hoy portuguesa que entonces pertenecía al reino de León, se educó con una familia noble del valle del Duero. Su llegada al trono vino precedida de la guerra civil que se desató tras la muerte de su tío, el rey Fruela II, en la que tuvo que deshacerse (en algún caso por métodos expeditivos) de los hijos de éste y de sus propios hermanos, Alfonso y Sancho. Finalmente, Ramiro fue coronado en la catedral de León el 6 de noviembre de 931 y se lanzó a combatir sin tregua al Islam.

Empezó por tomar Madrid, entonces un pequeño pueblo del que se retiró tras destruir sus murallas, ante la dificultad de defender una plaza tan alejada de León. Luego venció a Abderramán III en Osma (934), lo que movió al califa a organizar la Campaña del Poder Supremo para recuperar la supremacía andalusí sobre los reinos del Norte. Pero la coalición de leoneses, castellanos y navarros liderada por Ramiro II derrotó al potente ejército musulmán en la batalla de Simancas (939), una gesta militar que tuvo eco en toda Europa. Desde entonces, nunca los árabes volvieron a dominar tierras al norte del Duero. Con esta frontera bien asegurada, el rey leonés pudo crear una zona defensiva entre el río y la sierra de Guadarrama, denominada Extrema Durii y emprender un plan de repoblación que incluyó Salamanca, Ledesma y Sepúlveda.

Allí donde la espada no llegaba, Ramiro II usó con habilidad la diplomacia y las alianzas familiares. Se casó dos veces: primero con su prima Adosinda Gutiérrez, que le dio a Bermudo, muerto siendo niño, y a Ordoño. Tras repudiarla, contrajo matrimonio con Urraca, hija del rey de Navarra Sancho Garcés, cuyo apoyo se aseguró desde entonces. Tuvieron dos hijos: Sancho, que reinaría con el sobrenombre de el Gordo, y Elvira. Para sofocar la rebelión de Fernán González, Ramiro II casó a su hijo Ordoño con Urraca, hija del conde castellano. Tras acabar con otra revuelta nobiliaria, esta vez en Galicia, emprendió su última campaña y derrotó a los árabes en Talavera (950).

Ramiro II murió en León en 951, después de ceder el poder a su hijo Ordoño III. Pese a su fiereza, fue un rey comprometido con su pueblo y el único capaz de abandonar voluntariamente el trono cuando creyó cumplida su tarea.

ramiro II

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