El juego a través de la historia

El juego es una de las expresiones más comunes en los seres humanos desde nuestro propio nacimiento. Un niño, incluso cuando es bebé y no ha comenzado a andar, suele buscar formas de juego elementales que le generen sensación de comodidad interna. Esto demuestra que es una parte esencial de la naturaleza humana, por lo que es completamente evidente que haya estado presente en nuestra cultura desde las sociedades más antiguas. Vamos a analizar el origen y la evolución que ha tenido el juego a lo largo de la historia, con algunos pequeños apuntes de psicología.

Para empezar a analizar dicha evolución, y tomando como referencia la hipótesis de Johan Huizinga, que especifica que el juego es preliminar a cualquier cultura, debemos remontarnos a los primeros moradores de nuestro planeta. Este historiador y filósofo holandés ya señaló en uno de sus estudios, «siempre ha existido un agente de competición lúdica más arcaico que la misma cultura que embebe toda la vida en forma de un catalizador cultural, por lo que se puede decir que el juego siempre fue un elemento fundamental de la civilización en sus estadios iniciales. La civilización apareció con el juego y en forma de juego para no disgregarse más de él.»

Durante el periodo del Paleolítico, la existencia del juego entre sus habitantes se tiene como un hecho por los antropólogos, ya que su origen está intrínsecamente relacionado con los primates. El hombre que vivió en el Paleolítico comenzó a desarrollar, gracias al juego, una gama de expresiones culturales que se tornaron más completas, como el derecho, las enseñanzas, la moral… De esta manera, el juego se transforma en una vertiente muy importante no sólo porque acarrea un provecho psíquico y físico para la persona, sino también por las modificaciones que lentamente y de una manera inconsciente, va produciendo en la sociedad. En esta fase, no obstante, algunos estudiosos tienen dudas de la presencia del deporte tal y como lo conocemos, que se interpreta como algo correspondiente al hombre más evolucionado; esto ya lo expuso el administrador deportivo Carl Diem en varias de sus conjeturas.

prehistoria

Gracias a los registros analizados de esos periodos prehistóricos, se puede obtener la afirmación de que el juego está vinculado a los círculos de lo mágico y lo divino. Casi todas las declaraciones lúdicas de esa era formaban una fracción adicional de algún rito religioso. Por una parte, la actividad física se conectaba más con asuntos de supervivencia, debido a las exigencias de mantenerse en forma para la caza, escapar de las fieras, acometer a los enemigos o huir de ellos. Se puede decir que el hombre prehistórico jugaba por el mero hecho placentero y por un sentimiento místico y mágico, aunque también como exigencia para desarrollar una actividad física.

Los juegos de gran sencillez y poco equipamiento del periodo del Paleolítico inferior van proporcionando paso poco a poco a otros de dificultad mayor y estructura compleja, como los juegos de pelota (aunque sin normas establecidas), los juegos de combate con lanzas, las carreras a pie o con renos en la zona de Siberia, actividades con saltos, o alzamientos de elementos como rocas y troncos entre otros muchos. Aunque el propósito fundamental continúa siendo la supervivencia y la enseñanza, en ciertas ocasiones se empieza a asimilar el juego como una forma de mostrar la fortaleza física, o lo que es lo mismo, un precursor de lo que ulteriormente sería el empleo propagandístico del deporte en la civilización babilónica.

Al final de este periodo, más o menos sobre el 4.000 a.C., aparecieron los primeros juegos de estrategia empleando tableros, los juegos de pelota más desarrollados (tal y como los jugaban los primeros mayas), la jabalina (como una mezcla de juego, adiestramiento, deporte y trabajo), la monta de caballo o equitación, y un juego parecido al badminton.

También existen infinidad de juegos sencillos que probablemente aparecieron sobre este periodo, o quizás mucho antes, como el escondite, la gallinita ciega, saltar a la comba, el juego del gato y el ratón, la zapatilla por detrás, el juego de las palmas y cualquier otra actividad de entretenimiento que requiriese unos niños y pocos elementos más, ya pueden ser piedras, cuerdas, etc. Muchos de estos juegos van acompañados a veces de frases o canciones para amenizar y representar una trama inherente. Gracias a la tradición oral, estos juegos han llegado hasta nuestros días sufriendo fuertes modificaciones, o bien apenas cambios.

En la antigua Babilonia surgió un juego similar al boxeo que conocemos (cuyo origen en nuestra época actual se halla, no obstante, en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII), y se constituyen distintos juegos en fiestas populares. El juego en este periodo sirve como señal de poder económico y es capaz de disuadir a los enemigos.

Más tarde, en el Antiguo Egipto era costumbre divertirse con los juegos de nueve bolos, saltos y otros variados que empleaban pelotas. Esto sucede alrededor del 3.000 a.C. Aunque una innovación a tener en cuenta de este periodo es que se empieza a experimentar el juego en áreas concretas destinadas a ese fin, desmarcándose de la tónica habitual de otras culturas en las que se practicaba en espacios indistintos, generalmente al aire libre. En Egipto también se popularizan los juegos malabares y otras clases, que coexisten con ciertos deportes y logran un gran desarrollo.

antiguo egipto

En la Creta antigua no obstante, se retrocede un poco en el crecimiento lúdico, ya que su cultura prefiere el profesionalismo deportivo, relegando el juego a una vertiente más relacionada con el ocio y el recreo.

Sobre el año 2.000 a.C., en la India, aparecieron con gran entusiasmo los primeros juegos de canicas, que posteriormente se complementaron con otros de reglas desconocidas, pero que han logrado llegar a nuestros días casi intactos.

Llegados al año 1.000 a. C., cabe recalcar la importancia de los juegos de pelota que pasaron a tener un gran nivel de especialización en la cultura maya, azteca, etrusca e india, aunque en cada civilización las normas y campos de juego eran distintos.

También cabe comentar el nacimiento posterior de ciertos juegos de raqueta en América del Norte, los cuales se han convertido en todo un misterio digno de analizar. Los investigadores han intentado averiguar todo lo que han podido sobre estos juegos, hasta llegar a la conclusión de que podrían considerarse el origen del deporte contemporáneo. No hay dudas de que son los juegos mejor estudiados de toda la historia humana, y dicho interés ha contribuido a que sus espacios de juego hayan sido bien conservados, al igual que ciertos vestigios vinculados. Aunque el sentimiento místico y religioso continúa relacionado con el juego, poco a poco va cediendo a una vertiente más lúdica.

En la Antigüedad Clásica, también surgieron varias demostraciones en la civilización greco-romana. En la Grecia Antigua, se pensaba que el juego cumplía una serie de funciones que podríamos enumerar como: mejorar el desarrollo físico, algo muy valorado por aquel entonces para disponer de una educación perfecta; ayudar a las enseñanzas morales y de armonía en los habitantes, ya que se debían seguir unas reglas que había que cumplir forzosamente; perfeccionar el espíritu creador; y mejorar el espíritu competitivo, que sin duda apoyaría el punto anterior.

No obstante, debemos diferenciar dos épocas cuando hablamos de la Grecia clásica. Una pertenece a los primeros años de su periodo, en los que se aprecia o se tiene más interés por valores como la belleza, afabilidad y sabiduría, generando un gran crecimiento en lo que se puede denominar «cultura del ocio», y por ende de los juegos. En un periodo más tardío, contrariamente, se emprende el impulso por un ideal más relacionado con la belleza fusionada con la fuerza, aunque el ingenio continúe teniendo un papel importante entre los valores superiores. De esta manera es como los juegos van otorgando un papel protagonista a los deportes, que requieren un combinado de talento e inteligencia, a la vez que de fuerza física.

Aparte, cabe destacar que en la Antigua Grecia el juego estaba inseparablemente unido al culto a los dioses. Las altas esferas eran quienes infundían toda competición, ya fuese deportiva como simplemente recreacional, debido a que el factor que Johan Huizinga llamaba «agonal» o relacionado con la competitividad, estaba vigente.

Los juegos más representativos de este periodo (sin contar los que poseen una naturaleza simplemente deportiva) son los combates a empujones, salto de comba, tirar de la cuerda, bailes acrobáticos y juegos de pelota.

juegos olimpicos grecia

Pero algo que nos ha legado la Antigua Grecia y que ha perdurado con gran éxito hasta nuestros días son los Juegos Olímpicos. Dichos festivales olímpicos acontecían y se siguen celebrando hoy en día cada 4 años, suponiendo por aquel entonces la celebración religiosa más importante, la cual también servía para unir a todos los pueblos griegos enemistados como una gran identidad nacional.

Aunque se desconoce cuándo se festejaron por primera vez, sí se sabe que se celebraban de manera periódica antes del año 776 a.C., que es el primer registro oficial de su inicio. Acudían viajeros de todas partes, tiranos, reyes y jueces, los cuales llegaban a Olimpia inmunes gracias a una tregua de paz. Era un tiempo en el que hombres de negocios y fabricantes aprovechaban para firmar contratos. También era el momento para el comercio, donde vendedores ambulantes ofrecían estatuillas, suvenires, comidas y bocadillos, y otros aprovechaban para ganarse la vida, como malabaristas, trapecistas, magos, adivinos, o autores que narraban sus escritos en voz alta desde las escaleras de los templos.

En la Antigua Roma, no obstante, la perspectiva griega del recreo y ocio no fue asimilada, ya que se entiende el trabajo como un factor vital en la vida de un ciudadano. Aun así, el juego sigue poseyendo un papel importante para la sociedad romana como forma de liberar la mente, ya que es justamente una recompensa o forma de descanso psicológico después de la fatiga producida por los quehaceres diarios. Debido a esto, el mismo Estado empieza a propulsar una sucesión de juegos como forma de dominación social, haciendo hincapié en el increíble desarrollo de los circos, que no fue superado por ninguna otra civilización en el transcurso de la Historia.

De esta forma, y puede que casi de una manera involuntaria en un mundo que en principio se encontraba más orientado al trabajo que al entretenimiento, el componente lúdico obtiene aquí su máxima gloria; ya sea en el juego en su estado más simple como en el deporte más experto, que también en cierta manera se comprende como juego. Los juegos determinaban la vida diaria de los habitantes, realizándose actividades durante la mitad de los días del año en diversos periodos del Imperio. Los factores religiosos y políticos también siguen muy vigentes en la evolución del juego. Como ejemplo, podemos observar que el núcleo de la actividad política se traslada del foro al circo, al teatro o al anfiteatro, algo que nos sugiere la importancia que tenían.

Los juegos que se disfrutaban en esta época comprendían los columpios, balancines, balanzas, actividades del circo y de gladiadores, naumaquias (combates navales simulados) y, como era habitual, los juegos de pelota, que siempre fueron una constante en todas las civilizaciones. También se ha descubierto una rayuela gravada en el suelo del Foro Romano. De esa misma época se conservan sonajeros confeccionados con vejigas de cerdo o de garganta de pájaros, en los que se introducían piedras para que emitieran sonidos y así estimularan la curiosidad de los pequeños infantes.

Una vez llegados a la Edad Media, el juego seguía teniendo pocas normas y una estructura básica, en la que se empleaban pocos objetos. La mayor parte de actividades se desarrollaba al aire libre, con mecánicas rudimentarias y lentas, sin mucha pasión por el desenlace, como viene siendo normal en ese periodo debido al espíritu restrictivo reinante frente al ocio y al placer.

edad media

Sin embargo, durante el Renacimiento se origina una variación en la mentalidad de la gente. Los cambios religiosos consiguen que lo individual empiece a reemplazar a lo colectivo, puesto que todo ya no giraba en torno a Dios. Comienzan a tomar impulso los juegos populares y tradicionales, ya que evidencian y consolidan la posición de estatus de quien los practica o contempla.

Con estos aires de libertad, también empiezan a diversificarse los juegos de azar. Ya habían aparecido versiones preliminares de los dados en la antigüedad, como el hueso extraído del talón de animales que ya empleaban los sumerios y asirios, al que llamaban astrágalo o talus, y confeccionaban tallando de forma que pudiera caer en cuatro posiciones diferentes. Los juegos con dados datan del periodo del Imperio Romano, pero no se sabe mucho acerca de las normas que empleaban para jugar. Una de estas variantes, llamada «hazard», que en el idioma de Shakespeare quiere decir «riesgo» o «peligro», se introdujo en Europa a finales del siglo XII durante la Tercera Cruzada. Los orígenes etimológicos de este vocablo proceden de la palabra árabe «al-azar», que quiere decir «dado».

Ya desde los inicios de la Iglesia, los juegos de azar fueron prohibidos, por lo que una escena con más amplitud de miras como el Renacimiento, permitió la proliferación de juegos en los que la suerte era uno de los factores principales. De ahí derivó el nacimiento de la lotería, que tuvo lugar en pleno siglo XV, cuando los comerciantes de Génova crearon este sistema como táctica de venta, al estar formados los premios por mercancías. Este método fue pronto emulado en otras partes del mundo, como cuando la reina Isabel I de Inglaterra aprobó la primera lotería oficial en 1566, que se empezó a sortear finalmente a partir del año 1569. Las ganancias de esta lotería se destinaron a reparar puertos, reforzar las colonias del imperio y demás trabajos de mejora.

Otro de estos juegos de azar fue la veintiuna, que aunque no posee un origen determinado, se convirtió en el precursor del conocido juego de blackjack, que actualmente se puede jugar online en sitios como https://www.betway.pe/. Uno de los primeros registros se puede encontrar en la obra picaresca titulada «Rinconete y Cortadillo», de Miguel de Cervantes. Este libro narra la historia de dos fulleros cuyas andanzas jugando a la veintiuna tienen lugar en Sevilla. Según el escrito, la finalidad del juego es sumar 21 puntos sin rebasar dicha cantidad, y acota como reglas la numeración de las cartas, o que el as vale 1 u 11 puntos. Debido a que este cuento fue redactado entre 1601 y 1602, se supone que ya se jugaba a la veintiuna en algunas zonas de España como Castilla desde comienzos del siglo XVII o puede que antes.

Relacionado con los juegos de azar, se encuentran los premios o recompensas, lo que nos lleva a hablar de las apuestas. El factor riesgo también se interpreta como una muestra de juego, por eso las apuestas aparecieron tan pronto como el ser humano se hizo sedentario y empezó a acumular bienes. Las primeras apuestas de las que se tiene constancia datan del 2.300 a.C. en China y pronto se extendieron por todo el globo, sin importar la riqueza o pobreza de las civilizaciones. Se tiene también constancia de que en el año 1.450 a.C. ya se apostaba a los caballos, jugándose objetos de valor como pago. Y no sólo se apostaban enseres o animales como caballos, ya que también en la época del circo romano se jugaba con la vida de los gladiadores. En el continente americano, los indios de la costa noreste también poseían ciertos días en los que realizaban apuestas, mientras que los indios iroqueses jugaban a otro juego de apuestas con dados al que denominaban «hubbub».

Y elevando el nivel, durante el periodo medieval se celebraban justas con torneos de arco y flechas, donde las altas esferas llegaron a apostarse el rumbo de ciudades e incluso reinos. De hecho existe una leyenda que data del año 1020, en la que el rey Olaf II de Noruega y el rey Olof Skötkonung de Suecia decidieron jugarse a los dados la pertenencia de un terreno desierto en el distrito de Hissing. Debido a que no pudieron resolver la disputa por otros medios, decidieron que el azar escogiera el país propietario de aquella zona. En la primera ronda, ambos monarcas consiguieron dobles seises, así que se realizó una segunda ronda. Esta vez, mientras el rey sueco consiguió de nuevo un doble seis, el rey noruego consiguió un seis y un siete. ¿Cómo pudo ser esto? Muy fácil, uno de los dados se partió por la mitad, mostrando un seis y un uno. Aunque esta historia parece de todo menos creíble, demuestra que los juegos de apuestas eran una tónica habitual por aquel entonces, tanto, que algunos pueblos enseñaban a los niños a apostar.

dados antiguos

Francia fue durante mucho tiempo un paraíso para los juegos de azar, no hay más que recordar las famosas partidas de cartas de María Antonieta, en las que se realizaban apuestas de grandes sumas; también las partidas y duelos que gustaba de jugar Napoleón Bonaparte al blackjack. Y aunque a los franceses hay que agradecerles la popularización de los juegos de cartas, que fueron desarrollando a lo largo del siglo XIV, dichos juegos de naipes tienen una procedencia más antigua. Según los orígenes inciertos, las cartas o naipes fueron creadas en China en el siglo XII por las mujeres que habitaban en los harenes, como una forma de abstraerse del aburrimiento. Aun así, puede que su origen sea más antiguo, posiblemente con un diseño que reflejaba símbolos mágicos y más tarde representaba batallas.

Habíamos hablado antes de la prohibición de ciertos juegos por motivos religiosos, pero en el caso de las cartas, cualquier diría que las carga el diablo. Ya en el año 969, el rey Mu-Tsung de China, tras haber promovido los juegos de azar, finalmente denunció los naipes atribuyéndoles la capacidad de atraer desgracias. Más de lo mismo sucedió en Florencia en el año 1277, en España en 1310 por el Consell de Cent o en 1387 gracias al rey Juan I de Castilla; y en todo el siglo XV en países como Francia, Suiza, Alemania y Países Bajos. Eso sí, hay que decir que todas estas prohibiciones no consiguieron hacer desaparecer la afición por las cartas.

Otros juegos que proliferaron en los albores de la humanidad, fueron los que tenían tintes estratégicos. El ajedrez, un juego táctico que ha llegado hasta nuestros días con gran popularidad, procede a su vez del chaturanga, otro juego de origen indio cuyo registro más antiguo puede verse en el Mahabharata, un escrito épico religioso que data del siglo III a.C. Estos juegos surgieron de la necesidad de planear ataques y contiendas en un tablero, de hecho se llamaba juego del ejército, ya que servía para idear tácticas bélicas que más tarde pudieran ser llevadas a cabo en el terreno real.

Una leyenda cuenta que el origen del ajedrez reside en un asesor del rey Balhait, llamado Sissa. El monarca le pidió a su consejero que ideara un juego en el que se tuviesen en cuenta las capacidades mentales de los jugadores, y no en la simple suerte de los juegos de azar. Así es como finalmente Sissa creó el chaturanga, que más tarde evolucionó en el juego del shatranj gracias a los persas. Estos últimos lo introdujeron en Europa, donde finalmente terminó convirtiéndose en el ajedrez.

Otros juegos de tablero con tintes estratégicos son el shogi (ajedrez japonés), xiangqi (ajedrez chino), makruk (ajedrez tailandés), go (de origen chino), damas, damas chinas, surakarta (nacido en Java), mancala, kalaha y oware (de procedencia africana), rithmomachia (ideado en plena época medieval) o backgammon (de origen sumerio o egipcio). De hecho el cuarto emperador romano, Claudio, era un enamorado del backgammon, y sobre el año 50, escribió unos textos hablando sobre su origen. Su carruaje imperial estaba equipado con un tablero de backgammon o tábula, que le permitía poder jugar mientras viajaba y atendía sus obligaciones políticas.

El dominó es otro juego de fichas de procedencia china, del que se tienen registros de su existencia desde el siglo XIII. Podemos ver su primera aparición en textos de Zhou Mi, partidario de la Dinastía Song, que se refiere a este distraimiento como «pupai», que significa juegos de placas o dominós.

domino chino antiguo

El parchís es otro juego de tablero procedente de la India que fue creado alrededor del siglo XVI, aunque su versión preliminar era el pachisi, del que salieron tanto el propio parchís, como las versiones parcheesi (se emplean dos dados), ludo (versión simplificada) o parqués. La adaptación que conocemos hoy en día de una cruz y cuatro bandos de diferente color dista de la original, que representaba el jardín del rey indio Akbar el Grande.

El centro del tablero escenificaba el trono donde se situaba al monarca en el centro del patio. Las fichas que se movían por el tablero, representaban a mujeres de gran belleza que iban de casilla en casilla avanzando hasta el final para así disputarse el privilegio de jugar con el emperador. Para contar los movimientos se empleaban unos dados confeccionados con caracolas o diferentes conchas de moluscos, que puntuaban como uno si caían con el hueco hacia arriba. El máximo número de conchas que se podía emplear era 25, que en hindi se dice «pacisi», y de ahí proviene el nombre el juego.

Otro juego coetáneo del pachisi y también de la India era el chaupar, en el que cada persona debía mover sus cuatro fichas por un tablero en el sentido contrario a las agujas del reloj. Las piezas tenían que ser movidas antes que los contrincantes y terminar en la base. Los jugadores podían disponer de una cantidad indistinta de fichas en la partida, y debían apresar a las del contrario, que iban a una especie de prisión o «charkoni», desde donde debían empezar de nuevo. Para mover las piezas se empleaban las puntuaciones que otorgaban tres dados largos con los números uno y seis en caras opuestas, y dos y cinco en las restantes, aunque también podían tener los valores tres y cuatro.

Existen otros juegos de corte más infantil en los que la suerte es el único aliciente, como el juego de la oca. Las versiones preliminares de este juego surgieron sobre la década de 1880 y estaban ornamentadas con motivos pertenecientes al estilo imperante, como niños vestidos de acorde a la época. Se cree que la primera edición de este juego de mesa fue un regalo que el duque Francisco I de Médici obsequió al rey Felipe II de España. De todos modos, la muestra más antigua que aún se conserva pertenece al año 1640 y está elaborada con madera procedente de Venecia.

juego oca antiguo

Durante la segunda mitad del siglo XIX, surgieron las primeras hipótesis psicológicas sobre el juego por parte de los especialistas Herbert Spencer en 1855, Moritz Lázarus en 1883 y Karl Groos en 1898 y 1901. Y comenzado ya el siglo XX, nos hallamos con las ideas expuestas por Granville Stanley Hall en 1904 y Sigmund Freud. Todas las creencias que plantearon estos psicólogos lograron mucha importancia para el razonamiento de la síntesis del juego, y fueron desarrolladas más adelante.

Llegando a nuestro periodo contemporáneo, el juego ha sido analizado e interpretado teniendo en cuenta las nuevas propuestas teóricas que aparecieron en el campo de la psicología por Jean Piaget, que destacó por sus textos y exposiciones, así como por sus análisis clínicos, en los que expuso la importancia del juego para los mecanismos de desarrollo. Robert Jeffrey Sternberg apoyó la teoría de su colega Piaget en sus estudios de 1989. Son muchos los entendidos que, basándose en la Teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, han corroborado la importancia que poseen las funciones que cada individuo ejercita en su empeño por entender la realidad material y social, ya que son valiosas para la evolución del desarrollo humano.

Los pedagogos, que se han visto influenciados por las creencias de Jean Piaget (aunque modernizadas), han concluido que las aulas de estudio deben ser un sitio activo, en el que se fomente la curiosidad de los niños proporcionándoles los materiales apropiados para que puedan explorar, discutir y debatir (como ya expusieron los autores Kathleen Stassen Berger y Ross A. Thompson en 1997). Aparte, Jean Piaget también basó sus estudios sobre el crecimiento moral en el análisis del desarrollo de reglas dentro de los juegos. La manera de relacionarse y comprender las normas de los juegos es señal de la evolución del concepto de norma social que asimila el niño.

Las diferentes clases de juegos, ya sean más activos o más sedentarios, necesitan algún tipo de escenificación, gracias al cual los niños asimilan roles distintos, con mayor o menor grado de complejidad, de forma individual o formando equipos. En varios de ellos se ponen a prueba la mente y el ingenio, ya que sitúan al niño en diferentes posiciones imaginarias, teniendo que probar alguna clase de habilidad mental (como puede ser la contemplación, deducir situaciones, tomar decisiones y la necesidad de sopesar las determinaciones ajenas o ser empático), o deben efectuar elecciones.

Aunque históricamente muchos juegos se han catalogado como triviales o fútiles, como las adivinanzas, acertijos o el Veo Veo, detrás de ellos existe un gran nivel de abstracción que no conlleva nada de vano. Otros juegos en los que se tiene en cuenta la intuición o el azar así lo demuestran, como Piedra Papel o Tijeras, Pito Pito Colorito, o los Chinos, en los que su mecanismo fomenta el pensamiento y los eleva al estatus de juegos mentales.

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