El significado del nombre

¿A que uno de los momentos más importantes de tener un bebé es decidir su nombre? Sabemos que es algo que le acompañará toda su vida, y debemos legar a nuestro hijo o hija, un nombre que sea original pero no estrafalario, elegante a la vez que sencillo y lleno de significado sin caer en lo cursi. En otras palabras: el nombre perfecto.

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Pero esto a veces no es tan fácil, puede que hayamos tenido ese nombre que nos ha gustado siempre, reservado para ser empleado, y otras veces sin embargo, no tengamos ni idea y queramos estar seguros de acertar.

Sobre todo debemos pensar en las burlas y coletillas de cada nombre, ya que hay algunos que invitan a la rima fácil y socarrona. Otro error es escoger un nombre muy manido, tipo José o María, pero en el otro extremo está esa nueva oleada de nombres que parecen sacados de diccionarios élficos, que harán que nuestro hijo deba llevar una tarjeta con el nombre escrito por si necesita dictárselo a alguien.

Otra de las cosas que debemos tener en cuenta es el significado de los nombres, que puede ser un factor para ensalzar más la elección. La onomástica es la disciplina lexicográfica que estudia los nombres propios, aunque es la antroponimia la que se encarga específicamente de las personas. La etimología nos hablaría del origen y significado de esos nombres, proviniendo dicha palabra del griego «étymos» (significado verdadero) y «logos» (estudio).

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El hecho de poseer un nombre para denominarnos es inherente a la mayoría de las culturas, aunque existen algunas pocas donde se emplean nombres genéricos familiares como padre, hija, madre, hijo, etc.

El nombre de pila es algo que los padres pueden escoger por el hijo, y se suele asignar mediante alguna ceremonia de simbología religiosa, como el bautizo, proviniendo el término «de pila» de la pila bautismal. Sin embargo, el apellido es un legado familiar que se suele asignar dependiendo de las culturas, proviniendo de los padres o incluso cambiándolos por los del cónyuge. El término «apellido» proviene del latín «acto de llamar».

En la cultura de la Antigua Roma había tan pocos nombres propios para otorgar a los niños, que cuando se terminaban, se daba a los niños nombres de números: Sextus, Septimus, Octavius, Nonius, etc.

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En la cultura cristiana se popularizó la costumbre de emplear nombres hebreos que definían virtudes morales, mientras en las germánicas y celtas expresaban virtudes guerreras. Durante el Concilio de Trento (entre 1545 y 1563) se acordó emplear nombres de santos de la Iglesia Católica, que supusieron la extinción de muchos otros nombres antiguos.

Como antiguamente se empleaba sólo el nombre de pila, se acompañaba de alguna especificación sobre el trabajo, lugar o singularidad de dicha persona para diferenciarla de otras que usaran el mismo nombre. Aunque en la Edad Media se establecieron los apellidos, la costumbre persistió, llegando a nuestros días apellidos como Herrero, Zapatero, Pastor, Molinero o Labrador.

También existen los nombre patronímicos, donde los hijos heredan el nombre del padre junto a una desinencia que significa «hijo de». En español se emplea «-ez» (más raramente «oz», «iz» y «az»), así Martínez era hijo de Martín y Sanchez era hijo de Sancho. En Escocía se usa «Mac» o «Mc», así McDonald era hijo de Donald. En Italia es «ini», como Mussolini. En francés se emplea el prefijo «de», como Desimone. En tierras germánicas «sohn», como en Johnson. En tierras escandinavas se emplea «sen», como Andersen. En irlandés se usa «Mag», «M» ú «Ó» como en O’Donell. En holandés sería «zoon».

En países eslavos se emplea para nombres masculinos «ewicz», «etzsche», «tich», «ić», «vić», «wiez», «witsch», «ski», «ov», «ev», «ovich» o «evich», como ocurre con Petrovich. Para las nombres femeninos se emplean otros como «ova», «eva», «ovna», «evna», o «ska», como por ejemplo Paulova.

En árabe o hebreo, se emplea «ben» para tal cometido, como en la forma Amir ben Farid (Amir, hijo de Farid). Otra forma de expresarlos sería con «Aben» y el nombre del padre, como Aben Farid (hijo de Farid). Más variantes para el mismo propósito: «bin», «ibn», «ebn» o «beni», que puede comprobarse en numerosos pueblos del levante mediterráneo español (Benicassim, Benicarló).

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La mayoría de nombres españoles tienen origen en cuatro culturas que han sido influyentes en su pasado histórico: romana, griega, germánica y hebrea.

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14 comentarios en “El significado del nombre”

  1. Si que es difícil esa tarea, hay muchos padre que antes de tener un hijo ya tienen claro los nombres que les pondría, es mi caso, jeje por lo que supongo que lo tendré fácil si algún día llega ese momento.

    Tengo amigos que ya son padres y les costó buscar nombre, aquí cualquier nombre castellano que pongas, en el cole tiene la manía de traducirlo en catalán, por eso buscaban uno que no tenga traducción, ni diminutivos, claro, y sobretodo que no tenga la rima fácil de bromas!!! jeje

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  2. Pues sí que es un momento de los más importantes, por lo menos para mí lo fue. Me pasé todo el embarazo pensando en nombres para mi hijo.

    A mi siempre me ha afectado mucho que llevo María delante de Jennifer y no pega ni con pegamento. Me bautizaron en una iglesia católica en Londres y dijeron que Jennifer nanai, porque era un nombre protestante, asi que añadieron María. Yo casi no lo uso, aunque a veces en cosas muy oficiales me obligan a ponerlo.

    Es muy curioso lo de los nombres de números en la antigua roma.

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