El toro

Un campesino poseía el mejor toro de la zona, el cual era su único patrimonio. Los otros campesinos locales descubrieron que este toro era un magnífico semental, y empezaron a alquilar el animal para cruzarlo con sus vacas, ya que con este toro nacían los mejores becerros. Tan sólo hacía falta colocar una vaca cerca de él, ya que el toro no perdonaba una… De este modo, el único sustento del campesino empezó a llegar de este toro.

Los campesinos de la región se reunieron y decidieron comprar el toro para que les salieran las montas más baratas. Eligieron un representante para ir a hablar con el dueño.

– Ponle precio a tu toro que queremos comprarlo…

El campesino, aprovechando la situación, dio un precio absurdo. Los demás no aceptaron la propuesta y se fueron a quejar al Alcalde del pueblo. Este, sensibilizado con el problema, compró el animal con el dinero del Ayuntamiento, lo registró como patrimonio del pueblo y resolvió hacer una fiesta para presentar el toro a la población.

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En el día de la fiesta, los campesinos trajeron sus vacas para que el toro hiciera «lo suyo», después de todo, seria ya gratis. En el momento de la primera vaca, el toro salto, olfateo a la vaca y nada…

– Debe ser culpa de la vaca – dijo un campesino – está muy flaca.

Trajeron una vaca holandesa, la mas linda de la región. El toro saltó, olfateó a la vaca y nada… El alcalde enojado, llamo al ex-dueño del animal y le preguntó lo que estaba pasando.

-No sé… – dijo el campesino – ¡el toro nunca hizo esto antes! Voy a conversar con el toro a ver si averiguo algo.

El campesino, aproximándose junto al animal le preguntó: – ¿Qué pasa contigo? ¿No quieres «trabajar» más?

Y el toro, desperezándose, respondió: – ¡No me toques los huevos…! ¡Ahora soy funcionario publico!

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