Aristóteles, el maestro de los que saben

«Por naturaleza, todos los hombres desean saber», dijo Aristóteles. Es probable que hayas conocido a alguien así, siempre deseoso de aprender. Tal vez también te hayas cruzado con sabelotodos que han perdido la curiosidad, que siempre resultó tan importante para Aristóteles. Su optimista opinión era que la gente se esforzaría por adquirir conocimientos acerca de ella misma y del mundo, aunque sabemos que, por desgracia, no siempre es así.

Aristóteles.
aristoteles

Aristóteles dedicó toda su vida a aprender y enseñar. Nació en 384 a.C. en Estagira, en Tracia (la actual Calcídica griega), y aunque era hijo de un médico, desde los diez años fue su tutor Proxeno, quien lo cuidó e instruyó. A los diecisiete, se dirigió a Atenas a estudiar en la famosa Academia de Platón y se quedó allí veinte años. Aunque el enfoque de Aristóteles respecto a la naturaleza era diferente por completo del de Platón, siempre se sintió muy unido a su profesor y escribió con mucho cariño sobre su obra tras la muerte de éste en el 347 a.C.

Platón.
Platon

Hay quien dice que la historia de la filosofía occidental es una serie de notas al pie sobre Platón, lo cual viene a decir que éste planteó muchas de las preguntas a las que los filósofos siguen dando vueltas. ¿Cuál es la naturaleza de la belleza? ¿Qué es la verdad o el conocimiento? ¿Cómo podemos ser buenos? ¿Cuál es la mejor forma de organizar nuestras sociedades? ¿Quién crea las normas por las que nos regimos? ¿Qué nos dice nuestra experiencia de las cosas del mundo sobre lo que «realmente» son?

Aristóteles también se sentía intrigado por muchas de estas cuestiones filosóficas, pero se inclinaba por contestarlas de un modo que podríamos llamar «científico». Como Platón, era un filósofo, pero era un filósofo de la naturaleza, lo que nosotros denominaríamos un «científico». La rama de la filosofía que más le atraía era la lógica, que explora la forma de pensar con más claridad. Su mayor preocupación era el mundo que le rodeaba, el de la Tierra y el de los cielos, y el modo en que cambiaban las cosas en la naturaleza.

Platón y la política.
platon politica

Gran parte de lo que escribió se ha perdido, pero por suerte nos quedan algunas de las notas de sus disertaciones. Tras la muerte de Platón abandonó Atenas, probablemente porque, en tanto que extranjero, no se sentía seguro allí. Pasó algunos años en la ciudad de Aso (en la actual Turquía), donde abrió una escuela, se casó con la hija de un dirigente local y, tras la muerte de ésta, vivió con una esclava con la que tuvo un hijo, Nicómaco.

Fue allí donde Aristóteles empezó sus investigaciones biológicas, que continuó en la isla de Lesbos. En el 343 a.C. Aristóteles aceptó un trabajo muy importante: convertirse en el tutor de Alejandro Magno, en Macedonia (en la actualidad, un país independiente al norte de Grecia).

Su esperanza era convertir a su pupilo en un gobernante con sensibilidad filosófica, y aunque no lo consiguió, Alejandro se convirtió en el mandatario de gran parte del mundo conocido, incluida Atenas, así que Aristóteles pudo regresar sin riesgos a dicha ciudad. En lugar de reintegrarse en la Academia de Platón, Aristóteles fundó una nueva escuela en los alrededores de Atenas.

Aristóteles junto a Alejandro Magno.
aristoteles alejandro magno

Ésta disponía de un camino de acceso público (peripatos en griego), de modo que los seguidores de Aristóteles acabaron siendo conocidos como los «peripatéticos», o aquellos que están en constante movimiento, un nombre apropiado teniendo en cuenta hasta qué punto el propio Aristóteles estaba siempre desplazándose de un lugar a otro. Tras la muerte de Alejandro, Aristóteles se trasladó por última vez, en esta ocasión a Calcis, donde falleció poco después.

Escuela peripatética.
escuela peripateticos peripatetica

A Aristóteles le habría sorprendido que le describieran como un científico; él se consideraba un simple filósofo en el sentido literal de la palabra: alguien que amaba el conocimiento. Pero se pasó toda la vida tratando de dar sentido al mundo que le rodeaba, y con métodos que hoy en día consideraríamos científicos. Su concepción de la Tierra, las criaturas que en ella habitaban y los cielos que la rodeaban influyó en nuestra forma de comprender el mundo durante más de mil quinientos años.

Junto con Galeno, ocupa un lugar prominente entre los pensadores de la Antigüedad. Está claro que su trabajo se basa en el de sus predecesores, pero él no era un filósofo de salón; de hecho, no dudó en involucrarse en el mundo material al tiempo que trataba de entenderlo.

Galeno.
galeno

Su ciencia puede dividirse en tres partes: el mundo vivo (plantas y animales, entre ellos los seres humanos); la naturaleza del cambio, o movimiento, descrita sobre todo en su tratado Física; y la estructura de los cielos, o la relación entre la Tierra y la Luna, las estrellas y otros cuerpos celestes.

Aristóteles dedicó gran parte de su tiempo a estudiar cómo encajaban y funcionaban las plantas y los animales. Su objetivo era averiguar cómo se desarrollaban antes del nacimiento, la eclosión o la germinación, y cómo crecían después. No disponía de microscopios, pero no hay duda de que tenía una buena vista. Describió brillantemente el modo en que los pollitos se desarrollaban dentro del huevo: tras una puesta de huevos, se dedicó a partir uno cada día.

Aristóteles estudiando a los animales.
aristoteles animales

El primer signo de vida que distinguió fue una diminuta mancha de sangre que latía en lo que más tarde se convertiría en el corazón del polluelo, lo cual le convenció de que este órgano era el más importante de los animales. Creía que el corazón era el centro de las emociones y de lo que llamamos vida mental. Platón (y los hipocráticos) había ubicado estas funciones psicológicas en el cerebro, y estaba en lo cierto.

Sin embargo, cuando estamos asustados, nerviosos o enamorados, nuestro corazón late más rápido, así que la teoría de Aristóteles tampoco era absurda. Él atribuía las funciones de los animales superiores, como los seres humanos, a las actividades de un «alma» que tenía varías facultades o funciones. En los humanos, el alma tenía seis funciones principales: nutrición y reproducción, sensación, deseo, movimiento, imaginación y razón.

Todos los seres vivos comparten alguna de estas habilidades. Las plantas, por ejemplo, pueden crecer y reproducirse; los insectos, como las hormigas, también pueden moverse y sentir. Otros animales mayores y más inteligentes adquieren más funciones, pero Aristóteles creía que sólo los seres humanos podían razonar, por lo que se hallaban en lo más alto de la scala naturae («escala natural o cadena del ser»).

Se trata de una especie de escalera en la que pueden colocarse todos los seres vivos, empezando con las plantas y subiendo. Esta idea fue adoptada de forma repetida por diversos naturalistas, personas que estudian la naturaleza, sobre todo los animales y las plantas.

El alma y sus jerarquías según Aristóteles.
aristoteles alma

Aristóteles tenía un buen método para averiguar qué hacen las distintas partes de una planta o un animal, como las hojas, las alas, el estómago o los riñones. Dedujo que la estructura de cada parte estaba diseñada para una función concreta: las alas para volar, el estómago para la digestión de la comida y los riñones para procesar la orina. Este tipo de pensamiento se denomina teleológico: el telos es una causa final, y esta forma de pensamiento se caracteriza por centrarse en la constitución de las cosas o las funciones que realizan.

Si pensamos en una taza o un par de zapatos, nos daremos cuenta de que ambos tienen la forma que tienen porque la persona que los fabricó tenía un propósito concreto en mente: retener líquidos en su interior para beberlos, y proteger los pies al caminar. El razonamiento teleológico aparecerá en otros pasajes de este libro, no sólo para explicar el porqué de las diversas partes de las plantas y los animales, sino el mundo físico en un sentido más amplio.

Elementos de la teleología.
teleologia

Las plantas germinan y los animales nacen; luego crecen y mueren. Las estaciones se suceden con regularidad. Si dejas caer algo, golpeará el suelo. Aristóteles deseaba explicar este tipo de cambios. Había dos ideas especialmente importantes para él: la potencialidad y la realidad. Es probable que profesores y padres te animen a alcanzar tu potencial, lo que suele significar sacar las mejores notas posibles en un examen o correr tan rápido como puedas en una carrera.

Esto refleja de forma parcial la idea de Aristóteles, pero él distinguía una clase distinta de potencial en las cosas. Desde su punto de vista, un montón de ladrillos tenía el potencial de convertirse en una casa, y un bloque de piedra, de convertirse en una estatua.

La construcción y la talla transformaban estos objetos inanimados de un estado potencial en una cosa terminada, o «realidad». La realidad era la meta de la potencialidad, el momento en que las cosas con potencialidad encuentran su «estado natural». Por ejemplo, cuando las cosas caen, como las manzanas del árbol, Aristóteles creía que buscaban su estado «natural», que se halla sobre la tierra.

Una manzana no abriría de repente sus alas y echaría a volar, porque tanto ella como el resto de cosas de nuestro mundo buscan la tierra, y una manzana voladora sería antinatural. Esa manzana caída continuaría cambiando, se pudriría si nadie la recogía y se la comía, porque eso formaba también parte del ciclo del crecimiento y la decadencia. Pero al caer, había adquirido una especie de realidad. Incluso los pájaros regresan a la tierra después de surcar los cielos.

manzanas suelo

Si el lugar de descanso «natural» de las cosas es la tierra firme, ¿qué pasa con la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas? Son cuerpos que se mantienen en lo alto, como una manzana colgada en un árbol o un peñasco en el saliente de una montaña, pero nunca caen sobre la tierra. Lo cual es algo bueno. La respuesta de Aristóteles era sencilla: por debajo de la Luna, el cambio es la norma habitual, debido a que el mundo está constituido por los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) y sus propiedades (calor y sequedad en el fuego, calor y humedad en el aire, frío y sequedad en la tierra, y frío y humedad en el agua).

Pero por encima de la Luna, en cambio, los objetos están compuestos por un quinto elemento inmutable, la quintaesencia. Los cuerpos celestes se desplazan eternamente en un movimiento circular; el Sol, la Luna y las estrellas llevan toda la eternidad desplazándose alrededor de la Tierra, que se halla en el centro de todos ellos. Se da aquí una hermosa paradoja, puesto que la Tierra, el centro, es también la única parte del universo en la que se manifiestan el cambio y el declive.

quintaesencia

¿Cuál era la causa original de todos estos movimientos alrededor de la Tierra? Las causas eran uno de los principales focos de interés de Aristóteles, que desarrolló un esquema para tratar de explicarlas dividiéndolas en cuatro clases: materiales, formales, eficientes y finales. Creía que todas las actividades humanas, así como los acontecimientos del mundo, podían diseccionarse y entenderse de este modo.

Piensa en la talla de una estatua a partir de un bloque de piedra. La propia piedra es la causa material, la materia de que está hecha. La persona que crea la estatua lo organiza todo de una forma concreta, formal, para que ésta tome forma. La causa eficiente es el acto de cincelar la piedra para obtener una forma, y la causa final es la idea que el escultor tenía en mente (podría ser la forma de un perro o de un caballo, por ejemplo), que es también el plan que originó todo el proceso.

La ciencia siempre se ha ocupado de las causas: los científicos quieren saber qué ocurre y por qué. ¿Qué hace que una célula empiece a dividirse una y otra vez, con el resultado del desarrollo de un cáncer? ¿Qué es lo que hace que las hojas se vuelvan marrones, amarillas y rojas en otoño, cuando han sido verdes durante todo el verano? ¿Por qué el pan sube cuando pones levadura en la masa? Estas y otras preguntas similares pueden responderse en términos de «causas».

pan horno

A veces las respuestas son sencillas, a veces, complicadas. En la mayor parte de los casos, los científicos se enfrentan a lo que Aristóteles denominaba causas eficientes, pero las materiales y las formales también son importantes. Las causas finales generan un conjunto de problemas distinto. En los experimentos actuales, los científicos se limitan a explicar los procesos en lugar de buscar una explicación más amplia o la causa final, que se relaciona más con la religión o la filosofía.

En el siglo IV a.C., sin embargo, Aristóteles creía que estas causas finales formaban parte del esquema. Al mirar el universo como un todo, sostenía que debía haber una causa final que pusiera en marcha todo el proceso de movimiento. La llamaba «primer motor inmóvil» y muchas religiones posteriores (el cristianismo, el judaísmo y el islam, por ejemplo) identificaron esta fuerza con su propio Dios. Ésta es una de las razones por las que siguió considerándose a Aristóteles un influyente pensador: creó una visión del mundo que dominó la ciencia durante casi dos mil años.

primer motor inmovil aristoteles

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